Hablemos de industria musical chilena

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Hablemos de industria musical chilena

Por Karla Sánchez / Fotografías: Archivo Editorial Los libros de la mujer rota

Javiera Tapia es coautora de Es difícil hacer cosas fáciles, libro que relata –a través de testimonios en primera persona– las modificaciones que vivió la industria musical chilena desde mediados de los noventa hasta 2005.

Paula.cl

En Es difícil hacer cosas fáciles: los diez años que cambiaron la música en Chile la periodista Javiera Tapia y el sociólogo Daniel Hernández enfocan su relato entre los años 1995 y 2005, por medio de las historias en primera persona de artistas y productores, entre ellos Edi Pistolas, Gepe y Carlos Fonseca. Aquí, el protagonismo inicial lo tienen discográficas como EMI, Warner y Universal, cuando a mediados de los 90, invierten en artistas chilenos y distribuyen sus discos en tiendas a lo largo del país, buscando la posibilidad de certificarlos con títulos de oro, platino y diamante. Su rápido éxito, sin embargo, comienza a esfumarse por una serie de factores y su historia termina con una salida abrupta del país. Aquí es cuando los sellos independientes, junto a la autogestión, se convierten en la primera opción para artistas emergentes.

Javiera Tapia (29) es periodista y directora del sitio web especializado en música, POTQ Magazine. Junto a Hernández, también es organizadora del Santiago Popfest, un modelo de festival hispanoamericano que promueve valores contra el sexismo y la homofobia. Aquí conversa sobre el período que abarca el libro y por qué investigó la industria musical chilena durante esos años, y no otros.

Del 2005 hasta hoy, ¿cuáles han sido los mayores cambios en la música chilena?
Los principales cambios se dieron entre el 2000 y el 2005. Lo que ha venido después es un poco una modificación, pero de cosas que estructuralmente ya habían cambiado. Por ejemplo, Quemasucabeza
-sello independiente- apareció a fines de los 90, y a principios del 2000, se desarrolló. En el 2005 surgió Panorama Neutral –primer álbum recopilatorio del sello- y lo que ha venido después ha sido la aparición de más sellos independientes, muchos de ellos inspirados en lo que Quemasucabeza hizo.

De estos sellos que imitaron el modelo Quemasucabeza, ¿cuáles crees tú que son los que se han mantenido?
Más que copiar un modelo exacto, se dieron cuenta de que era posible tener un sello independiente. Sí pienso que Quemasucabeza, y un poquito después Algo Records, vieron que sí era posible hacerlo en Chile.

Entre músicos y productoras, ¿cuál crees tú que fue la profesión que más renovó más hasta hoy en día?
Se desarrollaron en paralelo porque hubo un cambio en la industria y en el acceso a la tecnología. Entonces, para querer dedicarte a ser un productor, ya no era necesario invertir en un lugar como Estudios del Sur o tener un Triana, sino que podías aprender producción de a poco, en tu casa con equipos. En los 90 no existía la posibilidad de tener un computador y empezar a hacer cosas. Después sí pasó. Eso claramente le abrió la puerta a muchas personas que se interesaron en la producción. Al mismo tiempo, el músico-compositor también se desarrolló más. Aparecieron más bandas porque el acceso a los equipos era mucho más fácil. Desde fines de los 90 eso empezó a cambiar en distintas partes del mundo. Entonces, gente que tenía la posibilidad de viajar ya estaba comprándose máquinas. Pasado el 2000 en Chile podías instalar un software en tu computador. Yo creo que en ese momento es cuando se abren las posibilidades, tanto como productores, como para mujeres.

¿Qué mujeres tuvieron un rol fundamental en ese periodo?
Alejandra Vaca, del Colectivo Gatomo y de Les Ondes Marternot era súper importante en la creación de ese colectivo que también era una muestra más de que las cosas se podían hacer distintas. El FEMFEST también es muy importante. Ahí hay muchas mujeres involucradas. Imagínate, si ahora pensamos que las cosas son desiguales o precarias para las mujeres, antes cuando había muchas menos estructuras, nadie sabía muy bien qué hacer, y aún así ellas decidieron organizarse y comenzar con el FEMFEST, que además de ser un festival, funciona como una coordinadora. Creo que su historia es fundamental en esos años.

Desde el otro lado está Marisol García, que fue de esta generación de periodistas especializados en música y no de espectáculos. Ella también hizo un buen trabajo. Entremedio está Carla Arias –directora de Quemasucabeza- que es una pieza fundamental para que el sello se haya desarrollado en la forma en que lo hizo. En el libro, de hecho, ella cuenta cómo tenía la idea súper clara y la llevó hasta que resultara. Obviamente hay muchas más, como Sofía Oportot, que es una gran letrista.

Daniel Hernández y Javiera Tapia

¿Alguna vez hubo industria en Chile?
Creo que sí, pero nunca dejó de ser precaria. A mediados de los 90 se empezaron a hacer grandes inversiones y EMI fichó muchas bandas, y le siguieron los otros sellos multinacionales. Había una gran inversión de todo tipo. En la grabación de los discos y videoclips, también en la promoción, pero el gran problema es que la estructura alrededor no estaba preparada para recibir tal inversión. Hubo muchos artistas en los que se estaba invirtiendo mucho dinero, pero no había tantos lugares para tocar, no había tantos medios especializados en música para hacer las promociones.

No hubo una formación de audiencias respecto a la música chilena, hasta hace muy poco. Después de la década del 2000, casi llegar al 2010, la gente deja de decir esa estupidez de “Yo no escucho música chilena” o el otro cliché de “No veo cine chileno”.

¿Hoy esa industria precaria existe o se esfumó?
Sigue siendo precaria, pero de otras formas. Ahora sí existe esta audiencia, se ha formado una que consume música local, pero se ha visto, por supuesto, un cambio súper grande en cuanto a la inversión que se hace en grupos. De partida, los sellos que hay acá son independientes y esa es una de las razones por la que nos metimos también a hacer este libro. Daniel no es chileno -es español-, entonces una de las cosas que siempre le llamó la atención de Chile era ver que acá había solamente sellos independientes o los artistas se autoeditaban, cuando en general, en todos los otros países, la industria funciona, a pesar de la crisis del disco. Al ser independiente, obviamente, no hay una inversión que es necesaria para que un artista pueda vivir de su música y son muy pocos los que pueden hacerlo.

*El libro fue editado por Los libros de la mujer rota y se encuentra a la venta en tienda.hueders.cl.

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