Hotel Antumalal: memorias reales

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Hotel Antumalal: memorias reales

Por Paula Olmedo / fotografías Hotel Antumalal

En la orilla sur del lago Villarrica se levanta el Hotel Antumalal, donde hace 50 años alojó la Reina Isabel II de Inglaterra. Mantenido impecablemente por la familia fundadora, aún hoy es posible estar en los mismos lugares que disfrutó la monarca.

“Cuando mi papá supo que venía a Chile la reina, inmediatamente hizo las gestiones para invitarla. Pensó que sería una buena manera de dar más a conocer el hotel”, recuerda Rony Pollak, hija de los fundadores del hotel Antumalal, en Pucón. Y dio resultado. Era 1968, el hotel sureño llevaba funcionando 18 años y ya era considerado una importante obra representativa de los principios de la arquitectura moderna y también de la influencia del estilo Bauhaus en Chile. Los dueños, Guillermo Pollak y su esposa Catalina Rindles, habían recurrido al arquitecto Jorge Elton para levantar una obra compleja, porque querían que su hotel quedara completamente integrado al paisaje. Hasta hoy su estructura sigue siendo admirada por estar ‘abalconada’ sobre la orilla sur del lago Villarrica. La vista es arrobadora desde todo el terreno, especialmente desde las habitaciones, el restorán y la terraza principal que permiten ver la gran masa de agua desde una ubicación comparable al mejor palco de un teatro. Antes del lago y en los alrededores del hotel hay cinco hectáreas de terreno que en su origen fue agreste, sin embargo, se dejó domesticar para convertirse en un jardín sureño siempre verde y cubierto de flores durante gran parte del año, con azaleas y rododendros que alcanzan dimensiones monstruosas.

Dicen que la monarca quedó impresionada por el paisaje y que esa breve estadía fue un remanso al final de la agenda cargada de actividades oficiales en Santiago y Valparaíso. Liderando la organización estaba Mariano Fontecilla, director de protocolo de la presidencia durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva e invitado de honor a la celebración que realizó el hotel para el cincuentenario de la visita real. Hoy, a los 96 años y convertido en embajador emérito, Fontecilla recuerda con exactitud los detalles de cada etapa de la gira. Y entre todas las anécdotas que relata, su preferida es cuando puso en apuros a Carlos Klammer, quien en entre 1990 y 1994 fue director de protocolo del gobierno de Patricio Aylwin, pero a fines de los años 60 recién comenzaba su carrera diplomática y lo había acompañado hasta Pucón para asistirlo. “Carlos estaba complicado porque le dio un dolor de garganta muy fuerte, se sentía pésimo, en la noche apenas podía tragar y se tuvo que ir a su habitación. En un momento en que yo estaba conversando con la reina, le comenté de su malestar, ella me ofreció un remedio que había traído e insistió en ir a buscarlo. Mientras tanto partí rápido a verificar que Carlos estuviera presentable y cuando lo vi correctamente vestido con pijama, bata y pantuflas, le dije que vendría alguien a dejarle un medicamento. Minutos más tarde tocaron a la puerta y le pedí a él que abriera. Me hizo caso y nunca olvidaré la cara de ese muchacho cuando se encontró con la reina de Inglaterra en la puerta de su habitación con una pastilla en la mano”.

Una de las salas de estar con mobiliario original y la amplia vista hacia el lago.

Una de las actividades más ‘arriesgadas’ durante la visita de Isabel II a Pucón fue un almuerzo al aire libre, con asado al palo incluido, y que se haría en un terreno distante del hotel. Por supuesto, hubo que trasladar al personal y también instalar mesas, bancas, vajilla y todo lo que se necesita para un almuerzo que, si bien se entendía que era informal, no podía ser descuidado. Lo más importante, sin embargo, era que la invitada principal llegara sin contratiempos al lugar. Para eso le encargaron a Rony Pollak, quien entonces era una niña pero conocía como su casa los caminos del sector, que hiciera de guía en el primer auto de la comitiva, donde iría precisamente la reina. “Antes de salir me explicaron que no podía hablarle ni mirarla, así que me dediqué a dirigir al chofer. Todo iba bien, pero como el camino era de tierra, íbamos levantando una tremenda nube de polvo al avanzar, y el chofer que iba en el auto siguiente no se dio cuenta cuando doblamos, siguió derecho y todos los demás, detrás de él, con el príncipe Felipe incluido”, recuerda entre risas. “Cuando llegamos, vimos todo instalado pero estábamos solas, ella, su asistente y yo. Hasta los guardaespaldas andaban perdidos. Pasaron un par de minutos muy incómodos y decidí saltarme el protocolo. Me paré ante ella y le dije: ‘Madame, they must be on their way’. Poco después empezaron a llegar los demás y todo resultó bien”. Rony también recuerda que estaban todos muy atentos a ver cómo abordaba la reina el asado y la mezcla de alivio y simpatía que les produjo a los invitados ver que tomaba un trozo de costilla con las manos para clavarle los dientes.

La carta real

Tal como se ve en la serie The Crown y en otras películas que recrean la vida de la reina Isabel, al volar de vuelta a su país escribió una carta al presidente Frei en la que agradece la invitación a Chile. En ella hace una especial mención a su estadía en Pucón y a las experiencias vividas en el Hotel Antumalal.

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