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16 noviembre, 2017
orla

Jardín comestible

Faltará espacio, faltará tiempo. Pero lo que hay que cuidar contra viento y marea para los próximos años es nuestro contacto con la naturaleza. Para quienes buscan desesperadamente un argumento para preservar el jardín, aquí va uno.

Por Alejandra Vargas / Fotografía: Cris Guzmán


Paula 1239. Sábado 18 de noviembre de 2017. Edición aniversario 50 años.

El biólogo Edwards O. Wilson postula que el hombre tiene una innata necesidad de naturaleza –a la que llama biofilia– y que un contacto íntimo con ella, asegura una vida plena. Con el agitado ritmo que llevamos y la falta de espacio, la biofilia no parece fácil. Aunque son nuestro (literal) cable a tierra, los jardines demandan trabajo, dedicación y recursos, y el valor del metro cuadrado urbano sube vertiginosamente; ya no es “conveniente” disponer de un amplio jardín, y sin siquiera utilizar elaborados argumentos económicos cuesta justificar esa fuga de recursos para mantener un lugar que otorga bienes que son intangibles.

Sin embargo, si usted es un amante de la naturaleza, y consiente o no de la biofilia, busca desesperadamente un argumento le permita preservar su jardín, pues yo le propongo que se lo coma. Si, tal como lo lee, plante un jardín que sea comestible, aliméntense usted y su familia de él, gócelo y obtenga aquel “ansiado” beneficio material.

Un jardín comestible es un espacio verde dentro de la ciudad, con todos los colores, texturas y aromas que un espacio como este puede entregar. Sólo tiene un beneficio adicional, sus plantas pueden estar en su plato, aliñar sus comidas o ser parte de sus bebidas. Pero este atributo no las hace ser menos atractivas o coloridas, muy por el contrario: las especies comestibles generalmente son bastante seductoras, sus aromas son capaces de colonizar el ambiente y el vigor de sus hojas hace que los paisajes se vuelvan exuberantes.

La variedad de especies para plantar es enorme. Podría escoger hacer un jardín medicinal, en donde todas las plantas puedan ser utilizadas en infusiones que usted pueda beber. Menta y manzanilla para mejorar la digestión, melisa para superar el insomnio o quizás ruda para eliminar los cólicos. También podría pensar en un jardín culinario, en donde todas las especies puedan servir para condimentar sus comidas, el sabor del romero, el aroma del orégano, el picor del tomillo o la dulzura de la estevia. ¿Quiere ir un poco más allá? Podría salir al jardín a cosechar la ensalada que quiere almorzar, hojas tiernas de lechuga acompañadas del amargor de la rúcula, con la jugosidad de unos tomates cocktail y el sabor del cilantro.

La introducción de especies comestibles en un jardín tiene además otra gran ventaja, sus requerimientos son bajos. La mayoría de plantas sólo demandan una delgada capa de suelo, esto quiere decir que usted puede utilizar, por ejemplo, pequeños recipientes para plantar, sólo necesita generar una profundidad máxima de 40 cms de tierra fértil. Podría utilizar maceteros, e incluso ubicarlo sobre losas de hormigón, colgado de las paredes, en balcones o en cualquier rincón de su casa. El espacio deja de ser una limitante.

El agua será siempre un insumo fundamental, pero si se utilizan contenedores el aprovechamiento de este recurso se hace mucho más eficiente, ya que la perdida es menor y la posibilidad de reutilización es factible. El único aspecto del cultivo que nos obliga a prestar una especial atención, es el control de las posibles plagas y enfermedades que podrían afectar al jardín. ¿Por qué nos preocuparían? Porque la posibilidad de recurrir a productos químicos que nos alivien de este problema está vetada, ya que podrían terminar enfermando a quienes consume las especies.

La forma de manejar un jardín comestible es necesariamente orgánica. Pero más que ser un problema es una oportunidad, porque se genera el desafío de crear verdaderos ecosistemas. En estos espacios las plagas son controladas por otros microorganismos que pasan a ser benéficos, los desechos vegetales se reincorporan al sistema para volver a nutrir el suelo, y con las manos debemos labrar tierra, mullir, limpiar y podar, aprovechando de observar, oler y sentir lo que es un ambiente natural.

El jardín comestible es una forma de enfrentar el futuro, una manera de adecuarse a los nuevos tiempos, pero más importante aún, es una forma de interactuar con la naturaleza de forma íntima. Porque siempre debemos recordar, que aunque el mundo se vuelva digital y la tecnología lo solucione todo, constantemente necesitaremos de la vegetación para alimentar nuestra naturaleza humana.

Prestar atención

01. Muchas plantas comestibles solo demandan una delgada capa de tierra, de apenas 40 cm.

02. Los contenedores hacen que haya menos pérdida y más reutilización del agua.

03. Recurrir a productos químicos está vetado, ya que podrían terminar enfermando a quien consume las especies.

04. En el suelo se puede plantar romero, que es rastrero, o poner ruda o menta como cubresuelo, bajo los arbustos.

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