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10 agosto, 2016
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Joyas protectoras

No es llegar y hacer: La platería mapuche exige profundidad, meditación, trascendencia, porque la pieza no es un mero adorno, sino una interpretación de la cosmovisión del pueblo y un amuleto guardián para quien lo cargue. 80 de estas joyas, trabajadas por manos indígenas desde el siglo XIX hasta hoy, forman la muestra Ancestros protectores del centro cultural El Tranque, en Lo Barnechea.

Por Greta Di Girolamo / Fotografía: Rodrigo Chodil


Paula 1206. Sábado 13 de agosto de 2016.

La leyenda cuenta que el gran Dios Ngenechén les encomendó a la luna y al sol que cuidaran a todos los seres vivos de la tierra. Los enamorados gobernaron juntos hasta que, después de una fuerte pelea, la Luna empezó a aparecerse solo por las noches para no ver nunca más a su antiguo amante. Las lágrimas que derramó por esa pena se convirtieron en la plata que los orfebres mapuche, conocidos como retrafes, trabajan como material sagrado hasta el día de hoy.

“El retrafe es una parte importante de la sociedad mapuche, un hombre muy respetado porque es el intérprete que mantiene los símbolos a lo largo de las generaciones; el que escribe. Es el que ha mantenido por siglos la cosmovisión de su pueblo”, explica María Luisa Salazar, historiadora de Arte Originario, equipo que organizó la exposición Ancestros protectores junto a la Municipalidad de Lo Barnechea.

Si se pone atención a las más de 100 trapelacuchas (colgantes pectorales), trariloncos (cintillos), ngetrowes (cintas para enrollar las trenzas), chaguai (aros de plata), punzones y tupus (prendedores de joyas pectorales) que se exponen, se nota la repetición de una serie de pequeños símbolos que a simple vista podrían pasar inadvertidos, pero que son las huellas imborrables de esta cultura.

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En Centro Cultural El Tranque, El Tranque 10.300, del 4 de agosto al 1 de octubre. Entrada liberada.

 

Uno de ellos es una figurita humana que encierra uno de los personajes más importantes de los mapuches: el pillán, que es el espíritu de un ancestro al cual le rinden culto por ser el protector de las generaciones venideras. Para que el público se percate de su existencia, una serie de códigos QR avisan que hay que poner ojo en las joyas. “¿Qué más ves en estos aros?”, pregunta al escanearlo.

Como el pillán, soles, lunas, peces y moscardones se estampan en las piezas más antiguas de la muestra interactiva, que forman parte de la colección del museo de Colchagua y datan del siglo XIX, pero también en las más modernas, como un trarilonco que la orfebre mapuche contemporánea Celeste Painepan terminó recién la semana pasada.

Ese cintillo, contemporáneo y a la vez antiguo, es una de las joyas que al fondo de la habitación puede probarse el público, mirarse al espejo y jugar a conectarse con sus propios ancestros. “Es una exposición única que combina elementos de museo con otros que usan actualmente personas del mundo mapuche; hay museo vivo”, cuenta el alcalde de Lo Barnechea, Felipe Guevara.

Otra exposición de platería mapuche:

600 piezas de orfebrería mapuche contemporánea y no comercial componen la muestra El metal sigue hablando. Hasta el 21 de agosto en el Museo Chileno de Arte Precolombino, Bandera 361.

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