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15 noviembre, 2017
orla

Justicieros

Tecnología con ética: eso están exigiendo estos tres expertos a través de libros y movimientos. Que las compañías promuevan apps y softwares que de verdad beneficien al ser humano. Lo mínimo.

por josefina hirane / Ilustración Nicolás Tobar


Paula 1239. Sábado 18 de noviembre de 2017. Edición aniversario 50 años.

Cada que vez hacemos caso de alguna notificación en nuestro smartphone –un mensaje de Whatsapp, un mail, una solicitud de Facebook– tardamos 23 minutos en promedio en volver a concentrarnos en lo que estábamos haciendo. Otro dato: nos autointerrumpimos cada 3 minutos y medio. Obsesionado con estas estadísticas, el diseñador norteamericano Tristan Harris, un colorín de 33 años que se especializó en Interacción Humana con Computadoras en Stanford y trabajó en Google, se dio cuenta que ocupaba su celular como una máquina tragamonedas. “Siempre deslizando el dedo para ver qué podía conseguir de nuevo”, dijo en una charla TED. Algunos podrían creer que se trata de fuerza de voluntad, pero Harris culpa a las empresas que diseñan la tecnología: crean apps y softwares que manipulan y causan adicción. “Imaginen una sala de control con 100 personas moldeando los pensamientos y sentimientos de un billón de personas”, dijo, aludiendo a que, en redes sociales, eligen las noticias o tuits que más nos harán interactuar y quedarnos en el sitio. Su sueño es que las tecnologías tengan un desarrollo ético, que nos ayuden a desconectarnos más fácilmente de los dispositivos y midan la contribución positiva a la vida humana. Que la comunicación no solo sea más fácil, sino, de verdad, de la más alta calidad.

Misma tecla

Moral para robots

El escritor y publicista estadounidense Kevin Kelly, autor de The Inevitable: Understanding The 12 Technological Forces That Will Shape Our Future (2016), sugiere un “catecismo para robots”, es decir, programarlos también en la dimensión espiritual, como una forma de mantenerlos controlados. US$19, en Amazon.

Big data

La delgada línea entre privacidad y bien público dificulta su reglamentación legal. A partir de ello, se han generado varios movimientos que apelan a su correcto uso, como el liderado por la estadounidense Cathy O’Neil, doctora en Matemáticas de Harvard, que describe en su libro Weapons of Math Destruction (2016) cómo los datos pueden ser manipulados por sesgos afectando todos los aspectos de nuestras vidas. US$17, en Amazon.

*En la foto principal: en 2016, Harris, bautizado por la revista The Atlantic como “la conciencia de Silicon Valley”, renunció a Google para dedicarse al movimiento Time Well Spent, con el que ha dado vueltas por el mundo incitando a un cambio en las compañías tecnológicas.

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