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5 octubre, 2017
orla

La cronología de un disidente

El periodista Roberto Careaga lanza la biografía del poeta Rodrigo Lira, La poesía terminó conmigo, una investigación enorme sobre uno de los autores más extravagantes de la literatura chilena.

Por Marcela Fuentealba / Fotografía: Alejandro Araya


Paula 1236. Sábado 7 de octubre de 2017.

Dedicaste años a este libro. Me imagino que la búsqueda de información se hizo cada vez más precisa.
Fueron siete años, en buena medida por mi lentitud y porque nunca dejé de trabajar como periodista. Investigar la vida de una persona, incluso la de Rodrigo Lira, quien solo vivió hasta los 32, es una tarea potencialmente interminable. El libro partió de una conversación con el editor Matías Rivas (Ediciones UDP), quien me propuso el nombre de Lira. Yo conocía bien su poesía y manejaba datos generales de su leyenda. Pero los mitos no sirven: la idea del loco es demasiado simple para intentar entender a un sujeto que se relacionó con su época casi siempre como un disidente, que construyó una obra literaria excesiva, paródica y mordaz.

Entrevistaste hasta a Piñera.
Sebastián Piñera fue compañero de curso de Rodrigo en la básica, en el Verbo Divino. Sus recuerdos son muy precisos, y documentan el origen de Lira rozando la elite chilena. Se trata de un recorrido vital, por lo que entrevisté a más de 50 amigos, conocidos, familiares, parejas, y también al siquiatra que le aplicó electroshock. Algunos me dieron testimonios decisivos, otros datos precisos, lo que sumé a textos de prensa y a los abundantes textos autobiográficos de Lira. Fue clave revisar cuadernos y manuscritos inéditos que guarda Roberto Merino, uno de sus mejores amigos. En ese material aparece con estremecedora claridad el nivel de obsesión de Rodrigo con el lenguaje, como también los rastros de sus intereses plásticos, menos conocidos.

Son clave la época, compleja y mitologizada, y la búsqueda del amor de Lira, algo íntimo y doloroso. Y una dificultad mayor: la esquizofrenia que padeció.
Ojalá este relato diera cuenta de esos años tan intensos, política y culturalmente. Lira fue un fruto de su tiempo y especialmente del quiebre contracultural de los 60: joven de izquierda durante la UP que trabajó para la editorial Quimantú, a la vez probó drogas, anduvo con hippies y se interesó en la ecología. Él sospechaba de casi todo y prefería la carcajada satírica. En parte, creo, se debió a los golpes a los que lo sometió el diagnóstico de esquizofrenia y su tratamiento. Lo hizo un desajustado, un raro. Un soltero que nunca pudo tener pareja estable ni trabajo. Pero Lira, en vez de lamentarse, hizo de esas turbulencias la carne de su poesía.

“Lira padeció desequilibrios mentales y terminó suicidándose, pero había que desmontar versiones y montar otras más completas sobre la base de testimonios y datos”, dice el autor Rodrigo Careaga. El texto llega a librerías el 15 de octubre.

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