Tiempo Libre

La pasión vital de Susan Sontag

Por Marcela Fuentealba

Se publica la entrevista completa de la intelectual norteamericana Susan Sontag con la revista Rolling Stone, realizada por el afamado periodista Jonathan Cott. Una larga y entretenidísima conversación donde Sontag suelta todo y fascina con su emancipación cultural.

Paula 1155. Sábado 30 agosto 2014.

Se publica la entrevista completa de la intelectual norteamericana Susan Sontag con la revista Rolling Stone, realizada por el afamado periodista Jonathan Cott. Una larga y entretenidísima conversación donde Sontag suelta todo y fascina con su emancipación cultural.

Susan Sontag (1933-2004) se hizo conocida en 1966 por su libro de ensayos Contra la interpretación, con el que deslumbró por la originalidad de su pensamiento, que seguía sus propios cauces para diluir las diferencias entre alta y baja cultura, negar los excesos analíticos y desafiar las categorías y estereotipos imperantes tanto en la crítica académica más brillante como en las creencias sociales comunes. Desde entonces, además de una generosa propuesta de pensamiento sobre literatura, arte y política, Sontag también se hizo conocida como novelista –El amante del volcán, En América, por nombrar sus obras más conocidas–, dramaturga, cineasta y activista política.

Este recorrido es el que se puede seguir en Susan Sontag: la entrevista completa de Rolling Stone, del famoso periodista Jonathan Cott, que acaba de publicar Ediciones UDP con traducción de Alan Pauls. Cott la conoció a comienzos de los 60, en Columbia, donde él estudiaba y ella enseñaba. En 1978, cuando él volvió a Nueva York después de dirigir la edición europea de la revista Rolling Stone –entre sus grandes entrevistados están Bob Dylan y John y Yoko, Glenn Gould y Leonard Bernstein–, se reencontró con Sontag en un momento crucial para conversar: ella acababa de publicar su aplaudido libro Sobre la fotografía y estaban por aparecer los relatos Yo, etcétera y La enfermedad y sus metáforas, otro conjunto de sus influyentes ensayos. Sontag consolidaba una inteligencia que se despliega intensamente como placer de vivir, y que se descubre en su hacer apasionado, voluptuoso y pegado a la realidad, sea al enamorarse de una mujer o al horrorizarse con la violencia de la guerra, y no a la distancia: Sontag fue a Vietnam y a Sarajevo, y creía que la cultura solo funciona con altruismo y acción por los demás. Además de integrar lo erótico, el pensamiento debe ser ético.

“Me gusta el género de la entrevista porque me gusta conversar”, le dijo Sontag a Cott. “Me gusta el diálogo, y sé que mucho de lo que pienso es producto de conversaciones. De cierto modo, lo más duro de escribir es que estás solo y debes entablar una conversación contigo mismo, una actividad que es fundamentalmente antinatural. Conversar me da la posibilidad de saber qué pienso”. Por eso no extraña que en esta extensa e intensa conversación, con un interlocutor también brillante, aparezca una mente cultísima, cautivante y encantadora, dispuesta a hablar de todo y siempre a pensar otra vez: “Para mí, lo peor sería sentir que estoy de acuerdo con las cosas que ya dije o escribí. Eso me pondría realmente incómoda. Porque querría decir que he dejado de pensar”.

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