La perversa ficción de Guillermo Lorca

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La perversa ficción de Guillermo Lorca

Por Catalina Mena

Como reencarnación contemporánea del más eximio pintor barroco europeo, el chileno Guillermo Lorca (30) ostenta un sorprendente virtuosismo en el manejo técnico del óleo sobre tela. El artista lleva al extremo el código de la pintura clásica, donde la belleza y la armonía conviven perturbadoramente con el delirio, la sangre, la violencia y el erotismo. Hasta el 25 de mayo en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Paula 1146. Sábado 26 de abril de 2014.

Como reencarnación contemporánea del más eximio pintor barroco europeo, el chileno Guillermo Lorca (30) ostenta un sorprendente virtuosismo en el manejo técnico del óleo sobre tela. El artista lleva al extremo el código de la pintura clásica, donde la belleza y la armonía conviven perturbadoramente con el delirio, la sangre, la violencia y el erotismo. Hasta el 25 de mayo en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Resulta impactante atravesar el hall del Bellas Artes e ingresar, de pronto, al ala sur, donde se despliegan los 24 óleos sobre tela –muchos de gran formato– del pintor Guillermo Lorca. El espacio ha sido invadido por un clima de antiguo lujo como si fuera un museo europeo, donde las pinturas clásicas se homenajean a sí mismas, luciendo toda su autoridad en la historia de las “bellas artes”. Pero no. Es el siglo XXI, es Chile, y es un artista de 30 años el que pinta así, con un oficio, un detalle y una pasión que recuerda a maestros como Rembrandt, Diego Velázquez o Caravaggio. Pero las situaciones que Lorca recrea en sus cuadros son completamente personales y únicas. Niñas hermosas que juegan con perros salvajes entre las desordenadas sábanas de la cama; mesas atiborradas de los desechos y las huellas que sobreviven a la mañana siguiente de un banquete orgiástico; mujeres de trajes vaporosos, en ambiguas situaciones, salpicados de sangre: sus cuadros acercan al universo de la literatura fantástica, donde la inocencia convive con el horror, los animales devoran a las personas, la maldad se enfrenta con la bondad y los escenarios ostentan una belleza idealizada.

El artista reconoce la influencia que desde niño ejerció en él la pintura clásica, pero también del imaginario literario de los cuentos de los Hermanos Grimm o Hans Christian Andersen. “Esos referentes ya están en mi subconsciente”, dice Lorca. “Pero en mi obra eso está mezclado con influencias contemporáneas y específicas. También presto atención a muchos artistas actuales, que hacen instalación o fotografía. Lo que me importa es que la obra tenga potencia visual”, dice el pintor, que hoy es representado por Yael Rosenblut, una joven artista chilena que destacó por impresionantes videos y que hoy está felizmente dedicada al galerismo. “En mi trabajo busco artistas realmente profesionales como Guillermo Lorca, que tiene una innegable oficio. Es un pintor incansable, que ejecuta trabajos de gran complejidad formal y conceptual, y que ha sido capaz de trascender su propio virtuosismo para aproximarse a un misterioso mundo narrativo que va más allá de su indiscutida capacidad de ejecución”, explica Rosenblut.

Muchas de las vestimentas que utilizan los personajes en los cuadros de Lorca no vienen de la historia del arte, sino de películas actuales. Del mismo modo, sus temáticas y situaciones están estrechamente ligadas al animé japonés. “Yo, de chico, vi esas películas y esos dibujos. Son preciosos, están muy bien realizados, pero narran situaciones mucho más crudas y erotizadas, porque no están atravesadas por el catolicismo”, cuenta.

Se te etiqueta como un pintor realista, incluso hiperrealista. ¿Qué dices de eso?
A mí no me interesa que lo que hago sea realista, que parezca una foto, lo encuentro absurdo, si una cámara puede hacerlo mejor. Lo que a mí me interesa es el contenido de la escena, el relato que se arma y que ese relato surja de la potencia de la pintura como ejercicio y lenguaje.

Hay sangre, animales, cacerías en tus pinturas.
Yo siempre he tenido ese imaginario. En las fantasías infantiles, 
siempre está la idea de que te pueden comer y eso me quedó dando vueltas en la cabeza. Después entendí que era una cosa más sexual, de que te devoren o que uno devore. Todas esas ideas entran en mis pinturas y se presentan como imágenes que de repente me llegan. Ahí comienzo a trabajar.

¿En qué se juega tu virtuosismo?
La maestría es convertir el material de la pintura en una trampa visual. Desde cierta distancia ves una imagen, pero te acercas y es pura pintura, pura materialidad. Lo que te impresiona no es solo la imagen, sino también saber que está hecha de pintura.

Lo que tú haces no es frecuente entre los artistas jóvenes.
Me doy cuenta de que soy un caso bastante aislado, porque no me siento identificado con los pintores realistas, pero tampoco con las tendencias conceptuales. Lo que yo tengo es un interés muy claro en el lenguaje de la pintura, porque siento que permite una profundidad y una potencia visual impresionantes. Encuentro que no tiene nada de rupturista poner un cordel de neón que gira alrededor de un trípode en una galería. Eso para mí es la academia que hoy dicta las pautas, y genera obras llenas de trucos fáciles y discursos rebuscados. Eso está en decadencia. Hay que volver a lo visual.

¿Qué te pasa cuando te comparan con los grandes maestros?
Es un modelo que la gente utiliza para ubicar lo que yo hago, pero a mí no me interesa parecerme a ellos. Siento que la historia ha endiosado a los grandes maestros, que se presentan como insuperables. 
Se cree que no se puede competir contra un muerto y es entendible. Pero yo creo que todo es superable y lo que me interesa es llevar mi pintura lo más lejos posible.


El virtuosismo realista de la pintura clásica es utilizado por Lorca como un idioma para contar sus propias historias, reinventando motivos e imágenes. Muchas de sus temáticas y situaciones están estrechamente ligadas al animé japonés o a películas actuales.


La cama.
Guillermo Lorca se puede considerar un artista autodidacta: tras estudiar un año de arte en la UC, 
se fue a Noruega para aprender bajo la tutela del pintor Odd Nerdrum. “No me siento identificado con los pintores realistas, pero tampoco con las tendencias conceptuales. Creo que no tiene nada de rupturista poner un cordel de neón que gira alrededor de un trípode en una galería”, dice Lorca, que se hizo conocido por el proyecto bicentenario en el metro baquedano, con seis murales.


Laura y los perros.
“La maestría es convertir el material de la pintura en una trampa visual. Desde cierta distancia ves una imagen, pero 
te acercas y es pura pintura. pura materialidad”.


Sofi.
En los cuadros de Lorca conviven la inocencia con el horror, la maldad se enfrenta con la bondad y los escenarios ostentan una belleza idealizada.

“Lorca es un pintor inalcanzable, que ha sido capaz de trascender su propio virtuosismo para aproximarse a un misterioso mundo narrativo”, dice Yael Rosenblut, la galerista que lo representa.

Gansos.

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