Los bordados de Juana Gómez

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Los bordados de Juana Gómez

Por Soledad Camponovo / Fotografía: Alejandro Araya

Tras doce años fuera del trabajo artístico y ad portas de su primera exposición individual en septiembre y de su participación en el evento de arte FAXXI, entre el 16 y 19 de abril, la artista visual Juana Gómez (34) se ha volcado a bordar imágenes de su propio cuerpo. Corazones, úteros y cerebros son parte de las piezas que realiza con hilos y agujas, para entender cómo funcionamos por dentro.

Paula 1170. Sábado 20 de marzo de 2015.

Tras doce años fuera del trabajo artístico y ad portas de su primera exposición individual en septiembre y de su participación en el evento de arte FAXXI, entre el 16 y 19 de abril, la artista visual Juana Gómez (34) se ha volcado a bordar imágenes de su propio cuerpo. Corazones, úteros y cerebros son parte de las piezas que realiza con hilos y agujas, para entender cómo funcionamos por dentro.

En el taller de Juana Gómez hay libros de anatomía, el cráneo de un cóndor y de una llama, muestrarios de insectos y plantas, además de infinidad de agujas e hilos de colores. Podría ser, perfectamente, el escritorio de una estudiante de Medicina o Botánica, pero también la sala de costuras de una artesana. Este espacio es el reflejo de las variadas influencias de esta artista, que en sus bordados plasma figuras que tienen que ver con su obsesión por entender aquel patrón que se repite una y otra vez en la naturaleza: una estructura interconectada con un tronco principal del que emanan brazos más delgados, que está presente en el sistema sanguíneo, en los árboles y sus ramas, o, incluso, en los ríos y sus afluentes. “Cuando te das cuenta de este patrón, luego lo empiezas a encontrar siempre. Está vinculado tan directamente a la vida, que al verlo, de alguna manera, nos importa. Está en todo, incluso en nuestro comportamiento y forma de pensar”, explica Gómez.

Hace un año, Juana Gómez decidió dedicarse por completo al arte. Llevaba 12 años trabajando como diseñadora después de terminar Licenciatura en Arte en la Universidad Católica. Le costó volver: “Me aterraba dar el salto porque económicamente sabía que sería duro vivir de esto, pero sobre todo porque la cabeza empieza a funcionar como una turbina todo el día, tomada por las ideas que quieres llevar a cabo”, dice. Durante este intenso proceso decidió cambiar su nombre de Francisca a Juana y se cortó el pelo como una manera de hacer patente su transformación. Necesitó el apoyo de una terapia para lidiar con este cambio de vida y fueron fundamentales su marido, el escritor Benjamín Labatut, y su amiga, la artista visual Cecilia Avendaño, quienes la impulsaron a que desarrollara su talento. “Sin esta contención me habría hecho daño a mí misma porque pude sacarme el miedo de enfrentar al otro y también tomar distancia de lo que hago. Todo esto me ha servido para afirmar quién soy realmente y para darme cuenta de que a esto me quiero dedicar y no a otra cosa”, agrega.

Después de un intenso proceso personal, hace un año Juana Gómez retomó su trabajo artístico. para su exhibición en faxxi, hizo 10 piezas de bordados. en cada uno demoró entre dos y tres semanas, trabajando seis horas diarias.

Así, tiene sentido que gran parte de su trabajo esté basado en su propia imagen. Lo que Juana hace es estampar fotografías de ella en tela, casi siempre lino, y luego comienza a bordar sus órganos: corazón, útero, cerebro. Para ello, estudia libros de Anatomía, como el clásico Netter, y cose y descose hasta encontrar la forma y el color adecuados. “Bordo para acceder y hacerme consciente de lo que está dentro, de lo que está oculto, de lo que estamos hechos, para entender ese patrón que se repite hasta en mi propio cuerpo. Bordarme a mí misma, al principio, fue porque era lo que tenía más a mano, pero luego fue lo que me resultó más lógico por todo el proceso personal que estaba viviendo”, cuenta.

Con la intención de prepararse para la muestra que hará en FAXXI, en el Parque Bicentenario entre el 16 y el 19 de abril, se fue dos meses a vivir a la cordillera a la altura de San Fernando, junto a su hija, para tener tiempo de bordar las 10 piezas que exhibirá en esta feria, como el sistema nervioso, una neurona y un intestino. En cada una de ellas demora dos a tres semanas, trabajando seis horas diarias.

La técnica del bordado le resultó la manera más natural para mezclar colores, porque desde chica vio a su mamá y a su abuela hacerlo. Ya en la universidad empezó a trabajar con el tejido y con el concepto de hacer algo repetitivo motivada por entender a su abuela, que pasaba largas horas rezando el rosario. De hecho, su tesis fue un trabajo que define como un “bordado digital”, un video donde se iba formando una imagen con líneas, sobre un fondo negro, como si fueran puntadas de hilo. “Bordar es un proceso reiterativo, es una especie de meditación que te mantiene en el aquí y el ahora. Es curioso, pero la postura que haces con las manos al bordar, cuando juntas las yemas del pulgar y del índice, es parecida a la de Buda”, reflexiona Juana, quien también se ha interesado en el estudio del budismo, hinduismo y taoísmo.

Para su primera exposición individual, que realizará en septiembre en la galería Madhaus del Barrio Italia, está trabajando en un bordado de todo su cuerpo en tamaño real. “Es difícil porque voy a bordar mi cuerpo tal cual es y me cuesta mostrarme por completo, pero es muy significativo para mí porque es parte del proceso que comencé con la decisión de dedicarme a esto”.

“Bordar es un proceso reiterativo, es una especie de meditación que te mantiene en el aquí y el ahora”, dice Juana Gómez. Para ella, el bordado fue la manera más natural que tuvo para mezclar colores, porque desde niña vio a su madre y abuela practicarlo”.

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