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29 junio, 2017
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¿Por qué los hombres aman a Wendy?

Wendy Rhoades es a Billions lo que Don Draper a Mad Men: personaje fascinante, imposible de dejar de mirar y escuchar. La sicóloga y coach interpretada por Maggie Siff (43) es segura, lúcida y sexy. A la espera de la tercera temporada en Netflix, 6 hombres cuentan qué los seduce de esta mujer que inquieta tanto a su marido como a su jefe. La mujer de la que todos hablan.

Por Rita Cox


Paula 1229. Sábado 1 de julio de 2017.

Marcelo Cicali, dueño del restorán Liguria
“La candidez de Wendy, que se acerca a los 50, es muy, pero muy atractiva. Me recuerda a la doctora Melfi de Los Soprano y la transferencia en la relación paciente-terapeuta que pone en riesgo la terapia, porque en cualquier momento puede nacer otro vínculo. La tensión intelectual que ella sostiene con su jefe es solo un disfraz de lo sexual. Desde la primera escena, una dominación sado a su marido, deja en claro que para ella dominar o humillar son herramientas para dar y obtener placer, y así se relaciona con sus dos principales hombres en el trabajo, en la casa, en la cama”.

Juan Pablo Fuentes, director creativo de Espacio Nacional de Diseño (E.N.D.)
“Wendy Rhoades es un regalo atípico. Casada con el ‘bueno’, tiene una tensión sexual con el ‘malo’. Su atractivo es brutal y su belleza lejana. Sin ser agresiva, demuestra total poder y control sobre los hombres que la rodean”.

Pablo Courard, director ejecutivo Alta Comunicación
“Su seductora inteligencia, que sobresale en el mundo masculino de las finanzas de Billions, es para caer rendido. Transmite seguridad y asertividad en las palabras que les dedica a sus pacientes y sabe perfectamente cómo funciona la mente de quien tiene al frente. Es una mujer de elegante complejidad: dulce, pero fuerte. Cómplice, pero dominante. Prudente, pero jugada”.

Francisco Aravena, periodista y conductor de Tele 13 Radio
“Bella con demasiado carácter es dominatrix 24/7, te convence de que sufrir es rico porque es capaz de convencerte de lo que quiera. Porque te somete a punta de inteligencia y te seduce con islas de sensibilidad en medio del terciopelo oscuro de su rudeza. Pero nada de eso hace de Wendy a Wendy. Wendy no es Wendy sin Chuck, su marido, sin la complicidad, sin la dominación y el sometimiento donde los roles se cambian más rápido que lo que se demora en ponerse un traje de cuero”.

Sebastián Brahm, director de cine
“Es guapa, decidida e inteligente. Sabe que una cosa es desear algo y otra es actuar para obtenerlo. Hay algo evolucionado en su conducta, una libertad moral en cómo acepta los hechos y navega entre ellos. Que esa libertad moral se exprese en la elección de vestuario, equipamiento y roles en el sexo no puede sino ayudar. No será una estrella de cine, pero Maggie Siff, la actriz, tiene onda y trae la carga haber sido Rachel Menken, la primera amante seria de Don Draper en Mad Men. Otra mujer asertiva”.

Luciano Cruz-Coke a Wendy
“Wendy está aburrida. De sus ojeras, su rictus marcado, de su hastío subterráneo. Cansada del deterioro que la madurez ha causado en su cuerpo y que lleva con naturalidad. Harta de la levedad. De la conformidad de quien nunca lucha contra lo indefectible. De internarse otra vez en su laberinto solitario. De desplegar su belleza como en un ejercicio de contemplación. Su refugio profesional, único lugar resguardado en la caja vidriada, es perfecto: mira a los otros sin volver la vista sobre la propia hondura de las emociones que la agotan. Del remedo del amor. Del fetiche de látex negro. De la pulsión que espera a quien realmente desea. Del dinero que parece servir de tan poco. Llévanos, Wendy”.

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