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9 agosto, 2017
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Mercado Central y sus alrededores

Así como hay lugares para buscar la calma, hay otros donde la gracia es perderse en su ritmo frenético. En este clásico santiaguino vale la pena ir a pie, con harto tiempo y billetera en mano para surtirse y comer de buena gana.

Por Pilar Navarrete / Fotografía: Carolina Vargas


Paula 1232. Sábado 12 de agosto de 2017. Especial La agenda de la ciudad.

Revivir con un mariscal en el Mercado Central
Atiborrado de turistas casi todos los días del año, los paladares mañosos en cuanto a caldillos y pescados comparten por boca a boca que una de las mejores pailas marinas del Mercado Central se come en Christiancito. Al mando del negocio está el matrimonio formado por Daniel Rojas y Nancy Osorio, él ex informático, ella hija de los dueños de una de las pescaderías más antiguas del Mercado: Yiyi. Hace 15 años, Nancy se quiso independizar y entonces nació el restorán. Es ella la que comanda la cocina. “Ve lo que se hace o no, los secretos del pescado, del batido, el amor que se le tiene que poner a la paila marina”, dice su marido. San Pablo 943, loc 74, fono 22672 5146.

Aprovechar de surtirse

Frente al Mercado Central hay dos rincones imperdibles para cocineros y amantes de la tendencia do it yourself:
Ollas: a la tienda El Gran Chef no solo llegan amantes de la cocina para abastecerse de ollas y sartenes, sino también quienes buscan decorar espacios con ellos: desde pailas de cobre (desde $10.000) hasta pequeñas ollas de fierro (desde $ 6.000). San Pablo 948, fono 22633 3219.
Handmade: de paso por el barrio, hay que perderse un buen rato en los dos pasajes frente al Mercado Central que unen las calles Rosas y San Pablo. Un palacio de quienes buscan cosas buenas, bonitas y baratas, para realizar manualidades, pero sobre todo, para customizar ropa y objetos: hay infinidad de cintas, tipos de papeles, coronas de flores, botones, agujas, alfileres y telas. Rosas 957 y 960.

Viajar al pasado por un rato
Entre las surtidas y colorinches vitrinas con las que algunas cordonerías y tiendas de decoración de cumpleaños tratan de robar la atención de quien pasa por las calles 21 de Mayo con Santo Domingo, se esconde la austera fachada de la Sombrerería Donde Golpea el Monito. Ya sea con o sin interés de comprar alguna boina o sombrero, entrar a esta tienda es como un viaje en el tiempo: los mesones, el piso y las estanterías son los mismos de hace 102 años cuando se inauguró la tienda que ha surtido de sombreros a Presidentes, políticos, poetas y actores. Paseo 21 de Mayo 707, fono 22638 4907.

Tirso de Molina por un experto

Una de las cosas que sus pares le reconocen al periodista gastronómico Carlos Reyes –autor de Guía 100 de La CAV, cuya nueva edición aparece en septiembre, y del libro Viaje al Sabor– es que disfruta la buena comida ya sea en un restorán de mantel largo como en una feria o mercado. Asiduo al mercado Tirso de Molina (Santa María 409), aquí comparte sus datos favoritos:
Donde Tommy: “Su cocina refleja una mezcla que se ha vuelto habitual en el mercado: la combinación de platos chilenos, peruanos y colombianos. Hay hartos platos sabrosos y de buen tamaño (que se pueden llevar a casa) como el arroz al cilantro con pollo o los chicharrones de pescados”. Locales 351 y 352.
Juanito Ollas: “Dicen que fue este el restorán que le dio fama de rincón gastronómico a Tirso de Molina: un clásico del mercado y sobreviviente de la “cocina internacional”, donde se pueden encontrar platos como el lomo a la pimienta, aunque yo me inclino por apuestas más chilenas como el pescado frito o los chupes”. Local 311.
Quesos venezolanos: “Aunque tienen quesos chilenos, el atractivo de la fiambrería Ratatouillet y Don Rafa es que son puntos obligados de la colonia venezolana, porque en estos dos negocios venden sus quesos de origen: telita, guayanés (mi favorito por su textura e intensidad), llanero –bien salado, pero delicioso cuando se derrite–, de mano”. Locales 146 y 148.

La comida más rica de Patronato, según Gino Falcone

El dueño del restorán Sarita Colonia (Loreto 40, fono 22881 3937) es un amante de Patronato. De hecho, bautizó como Patronato sour a uno de los nuevos cócteles de su carta, que lleva pisco, sirope de lychee (licor que compran en las tiendas coreanas) y almendra, que adquieren en la tienda árabe que hay en la esquina. Ideal para probar ahora que, de jueves a domingo, su restorán también abre a la hora de almuerzo (antes funcionaba solo por la noche). Cuando es él quien quiere testear los sabores de su barrio cosmopolita, sus elegidos suelen ser dos restoranes coreanos: Hocha (Sagrado Corazón 394, Recoleta, fono 22738 0640): “Es comida tradicional coreana, atendido por su dueña. Acá pido los especiales del día, que siempre varían entre cerdo y pollo que vienen con diferentes verduras y salsas”. Otro de sus favoritos es Dae Jang Kum (Bombero Núñez 174, fono 22732 4772): “Venden unas ostras gigantes que tienen en piscinas y una sopa de carne picante que me encanta”. Si se trata de cocina chilena, asegura, “cuando en el menú de Casa Alma, el restorán del chef Rolando Ortega (Antonia López de Bello 191, cel 98140 1163), tienen lentejas, voy corriendo. También me encanta el cerdo asado que prepara en un hornito que tiene para rostizar en el patio del restorán y que suele servir con ensalada de berenjena y crema de zapallo. Allí encuentras sabores e ingredientes que normalmente no comes”. ¿Dónde se detiene Falcone si se tienta por algo dulce? “En Rincón Arabesco (Loreto 106). Los baklava son deliciosos”.

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