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21 septiembre, 2017
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Natalia Contesse: su lado mestizo

Recogiendo la tradición de la investigación de las raíces del folclore, la cantautora lanza Diluvio, un disco que intenta reconstruir el influjo africano en la cueca chilena..

Por Vadim Vidal


Paula 1235. Sábado 23 de septiembre de 2017.

Es un disco y una tesis, o una tesis hecha disco. En 2014, Natalia Contesse (39) comenzó un proyecto Fondart sobre el influjo africano en la música de raíz. En ella encontró una ruta esclavista de fines del siglo XVII que unía Guinea con Valparaíso, cruzando Los Andes, donde gran parte de los esclavos morían o quedaban tan mermados que debían sanarse en una reserva jesuita de Quillota para luego ser vendidos al Callao. Tesis que ya había investigado el ex Santiago del Nuevo Extremo, Luis Le-Bert, en su libro La noche de las estrellas (2012) y que Contesse relata en La cordillera es blanca y las caras negras, una de las canciones de Diluvio, que acaba de lanzar.
“El disco cuenta la historia invisibilizada del nacimiento de la cueca, porque somos el único país de Latinoamérica que niega la influencia africana de su música”, dice la cantautora para explicar el cambio en la sonoridad de su tercer trabajo, el que se aleja del rescate de la canción tradicional de sus primeros discos y la reencuentra con sus inicios en grupos de música afro como Vena Raíz u Orixangó.
Estudio que le tomó cuatro años y que la llevó, entre otros destinos, a Azapa, lugar al cual arrancaron los esclavos tras el anexamiento de Arica o a la fiesta de Pascua de Negros en la localidad de Roma en San Fernando. “Al final de Cueca afro, la segunda canción del disco, dice ‘ya se acabó la siesta de la sangre negra’, lo que nos lleva a pensar qué va a pasar ahora con todo el influjo de los migrantes, cómo van a influenciar nuestra música nuevamente”, remata la cantautora, quien se presenta el 23 de septiembre en el GAM, Alameda 227. www.gam.cl

Disponible en www.portaldisc.com con aporte voluntario.

Escuela Chilena de Folclor y Oficios

Buscando el lugar preciso donde Violeta Parra instaló su célebre carpa de La Reina en 1965, hace ocho años atrás, Natalia se encontró con un departamento municipal abandonado en donde levantó esta escuela. Allí se hacen jornadas de cueca, serigrafía, alfarería, cestería, telar y volantines. Facebook: ECHFO.

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