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5 abril, 2017
orla

Rulo, pop de raíz

Vendaval es todo lo contrario a lo que se podía esperar del bajista de Los Tetas: un disco que exuda ritmos latinoamericanos y uno de los mejores trabajos publicados en el último tiempo. Que llegó sin ruido, casi pidiendo permiso.

Por Vadim Vidal / Fotografía: Jaime Valenzuela


Paula 1223. Sábado 8 de abril de 2017.

Dice que cuando se embala, se embala. En 2003, mientras estudiaba Literatura en la Universidad Alberto Hurtado, descubrió el Bossa Nova, entonces se lanzó a estudiar portugués, e hizo su tesis sobre la canción Construcción, de Chico Buarque. De ahí comenzó a escuchar música latinoamericana, transformando su grupo Esencia en una suerte de combo de música de fusión. “Mi viaje fue desde el soul y el funk hasta la música brasileña, de ahí a la música acústica y después el folclor”, sentencia Rulo, el bajista histórico del grupo Los Tetas.

En 2014 se ligó a la escena de cueca brava de la Casa Huemul, centro cultural del barrio patrimonial cercano a Franklin, donde compartió con grupos como La Gallera o Los Celestinos, aprendió a tocar piano cuequero (“que llegó a la cueca por los burdeles”) y le prestaron discos de Los Chileneros. Resultado: se embaló. “Escuché tres semanas seguidas a Los Chileneros, era lo único que escuchaba”. Después se topó con la música del Zambo Cavero, cantor de música criolla peruana; luego comenzó a tocar en tres cuartos (y no cuatro cuartos, como en el funk) y a interpretar el vals peruano desde su óptica. Así compuso Tu misterio, que llegaría a ser el primer single de Vendaval, su primer disco en solitario que lanzó en noviembre de 2016.

Vendaval tiene algo de todas estas influencias: vals peruano, cueca brava y tropicalismo, pero con identidad propia. Lo que también salta a la primera oída son sus muy cuidados arreglos. “Me lo había imaginado más minimalista, pero con el productor Cristóbal Carvajal decidimos no solo reproducir un estilo, sino mezclar cosas y sumar arreglos. En algunas canciones hay hasta 10 guitarras, algunas  imperceptibles”, señala el músico. En la placa, el solista no solo toca siete instrumentos, sino que también compone letras de ideario romántico con sorprendente soltura. Canciones que algunos críticos musicales emparentan a una camada de músicos “de raíz” comandados por Mon Laferte (no por nada cantaron a dúo La joya del Pacífico en Viña), el sanantonino Demián Rodríguez, y el proyecto de boleros de Macha Asenjo, Bloque Depresivo.

 

 

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