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31 octubre, 2017
orla

Sin miedo a mezclar

Estampados, geométricos, animal print, rayas: aquí, la decoradora explica cómo unificar elementos y armar perfectas composiciones.

Por Valesca Damste


Paula 1238. Sábado 4 de noviembre de 2017.

Después de sus viajes a Europa, mi mamá solía volver con la maleta llena de telas con las que nos hacía ropa a mí y a mis hermanas. Las más lindas eran las de Liberty’s, géneros ingleses tupidos en colores inusuales que datan de los años 20. Creo que mi amor por los estampados viene de esa época. Me encantan. También los bordados, las rayas, los geométricos: me gustan los patrones. Y he perdido todo temor a mezclarlos, porque creo que esa combinación da un look suelto de “no-decorado”, que es lo que trato de lograr en mis trabajos como decoradora.

¿Pero cómo lograr una buena mezcla? Idealmente, hay que partir con un género estampado o bordado que tenga una gran gama de colores, dentro de los cuales está el color base de los muros. Este patrón sirve de elemento unificador de todos los otros elementos dispares. A estos se le agregan, por lo menos, un floral, una raya, un liso, un geométrico (incluyo a los ikat –o teñidos– en esta categoría) y un patrón más pequeño (puede ser un floral o un animal print).

Imaginemos que estamos eligiendo un living: Se podría hacer una alfombra rayada blanco con negro, un sofá en un lino amarillo, un pouf como mesa de centro tapizado en la tela unificadora, dos sillones tapizados en lino blanco con cojines de animal print, en el sofá cojines florales, un cojín ikat, otro en un color liso en seda y dos lámparas laterales con pantallas con un patrón pequeño. El efecto final debiera ser ecléctico sin ser agotador.

Tanto como me gustan los estampados me gusta también el color, en especial las mezclas inesperadas. Las combinaciones a las que siempre se vuelve el ojo son el azul y el blanco mezclado con rosado, amarillo y verde. El rosado es un color al que vuelvo siempre: desde el millennial pink hasta el fucsia, el rosado coral y el chicle. Son todos preciosos. El amarillo es como un rayo de luz en un espacio: una vez pusimos una gran alfombra amarilla en un refugio en la montaña. Un año después volvimos a hacer unos arreglos en medio de un día gris y triste, pero cuando entramos el espacio estaba iluminado como si el sol brillara desde adentro. Cuando usamos una paleta de colores fuertes se necesita balancearlo con elementos más neutros como el mimbre, el sisal o linos. Pero los muros blancos por defecto son, a mi parecer, una equivocación: hay tonos neutros –como los crudos– que son mucho más interesantes y bonitos. Instagram: @ccdinteriores

La fórmula precisa
Para lograr mezclas bien hechas con elementos dispares, hay un teorema decorativo que funciona a la perfección: una tela que llamamos patrón unificador (que tenga 5 o 6 colores) + 2 florales + 1 raya + 1 geométrico + 1 patrón más chico + lisos.

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