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30 junio, 2017
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Siri Hustvedt en tres capítulos

La escritora estadounidense reúne sus ensayos sobre arte, ciencia y feminismo en La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres (Seix Barral), 400 páginas que condensan el placer y la inteligencia de ver, leer, investigar. Destacamos tres textos, de veinte, con sus apasionadas formas de pensar.

Por Marcela Fuentealba


Paula 1229. Sábado 1 de julio de 2017.

1. Louise Bourgeois y el cuerpo

La protagonista de la última novela de Siri Husvedt, El mundo deslumbrante, es una artista de culto que al morir da pie a una investigación sobre su figura (físicamente muy grande, torpe, masculina) en el mundo del arte neoyorquino, y por eso a cuestionar los estándares de las obras y el ninguneo, explícito o solapado, de la mujer como creadora. La gran artista Louise Bourgeois (pequeña, ágil y femenina) inspiró, casi “inconscientemente”, el personaje; también se hizo famosa de anciana y detestó el trato que se le daba por ser mujer. A Hustvedt le fascina su capacidad de crear obras que se perciben y piensan con el cuerpo entero, ser capaz de “traducir una experiencia real en símbolos apasionados. La experiencia que hay que traducir es profunda y antigua. Se construye a través del cuerpo femenino-masculino”, escribe.

2. Susan Sontag y el porno

La escucha hablar en una grabación de hace 50 años, con la misma voz mesurada y resonante que le oyó en vida, pero menos autoritaria: es joven, no se ríe mucho. Sontag habla de lo pornográfico en la literatura, de lo subversivo de poner a luchar éticamente a la virtud y el vicio: algo íntimo que no debiera verse que se liga con la irrealidad y el vacío sicológico, con los excesos del surrealismo y la frialdad del nouveau roman. El porno sorprende: la repetición y lo externo son sus métodos para desarmar la moral general. La pornografía, sigue Siri, asusta porque hay un miedo y atracción abismal al deseo feroz –como las mujeres que leen las Cincuenta Sombras de Grey– a volverse adictos a ver cuerpos como cosas que se poseen. Y esto es terrorífico, dice la autora, porque no se vive desde la excitación de afuera, sino desde dentro.

3. Knausgård y las mujeres

“El periodista chileno que insistió en que mi marido ‘me había enseñado’ sicoanálisis y neurociencia, ¿era un idiota machista o simplemente un hombre que quería creer que su héroe literario era más o menos responsable de la educación de su esposa?”. Hustvedt cita este caso, cuando estuvo en Chile hace un par de años, como algo que le sucede constantemente. Y eso no le pasa a los escritores. Sigue con la literatura masculina: la del súper famoso Karl Ove Knausgård, quien ha dicho: “Yo no hablo de sentimientos, pero escribo mucho sobre ellos. Leer es una cosa de mujeres, como también lo es escribir. Es demencial, pero todavía lo llevo dentro”. ¿Y si el agote doméstico que cuenta en Mi lucha lo hubiera escrito una mujer? De hecho para la crítica es un relato femenino, una muestra de vulnerabilidad extrema, señala Hustvedt. Knausgård llora, se desnuda, pero no llega a “lo demencial”: para ella es muestra de que él nunca entendió de verdad a una mujer, y de que estamos leyendo muy mal las novelas que hablan sobre lo real.

Ensayista, novelista y poeta, la norteamericana Siri Hustvedt tiene 62 años.

Ensayista, novelista y poeta, la norteamericana Siri Hustvedt tiene 62 años.

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