Aquí trabajo yo: Mauricio Navarro

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Aquí trabajo yo: Mauricio Navarro

Por Alejandra Olguín / Fotos: Mila Belén

“Tenía una oficina de diseño en Providencia, donde le hacía la publicidad a distintas marcas. Un día mi compañera me dijo que había un concurso de filatelia de Correos de Chile. Yo no tenía idea qué era la filatelia, y cuando me explicó que se trataba de estampillas, lo único que pensé fue “qué fome”. No estaban las bases del concurso en ningún lado -esto fue hace 20 años- y fuimos correo por correo preguntando, hasta que una señora nos dio las instrucciones. Postulé con cuatro diseños, sobre el año internacional del océano. Un día me llaman por teléfono y me dicen: “Mauricio, ganó el Concurso Nacional”. Pregunté con cuál de los sellos y me contestaron que con los cuatro. No podía creerlo. Después me llamaron de nuevo, me gané otro y me contrataron.

Esto me cambió la vida. Empecé a dedicarme exclusivamente a eso, a comprar mejores computadores y más implementos, y ahí decidí de frentón ser diseñador filatélico. Investigué mucho: de internet, de la gente de Casa Moneda -que es donde se imprimen-, de los prensistas. Al final fui armando mi conocimiento informalmente, pero con gente que de alguna forma fue mi mentora. Ahora soy el único diseñador filatélico del país. Tengo una amiga que está diseñando también y que hace cosas cuando yo no doy abasto. Soy su especie de profesor, porque no existe una escuela donde se enseñe esto.

 

Trabajo desde mi casa, salvo cuando tengo alguna reunión en Correos. Todo lo que tengo en mi escritorio tiene una historia detrás. El avión era del segundo esposo de mi abuela, que fue piloto. Al lado está el ánfora de mi perro, con su collar. Me gusta tener cosas significativas. Necesito tener paz para poder concentrarme. Y siempre escucho Las cuatro estaciones de Vivaldi, porque me energiza y al mismo tiempo me calma. Cuando ya estoy traspasando el diseño al computador puedo conversar, pero cuando estoy recién creando, pensando y dibujando, necesito concentración absoluta.

Esto no es llegar y llenar papeles, tiene que ver con inspiración. Ésta la saco principalmente del material que me entregan para hacer la estampilla. Cuando empiezo a dibujar, todo fluye muy rápido y no paro. De repente estoy tan entusiasmado y entretenido que es domingo a las 12 de la noche y sigo dibujando. Me encanta mi trabajo, no lo cambio por nada. La filatelia es tan grande, con tantas áreas, que es imposible aburrirse. Aparte del diseño en sí, cada estampilla tiene detrás una tecnología maravillosa, con hologramas y diseños que a veces no miden más de 1 milímetro.

Cada sello que hago cuenta una historia, una vivencia, una cultura. Y para eso, cada estampilla tiene una investigación tremenda detrás: de internet, de libros, de museos. Cuando hice una serie de aviones, me pasé días en el Museo Aeronáutico, donde me quedaba hasta que cerraba. Cuando hice sellos para la Isla de Pascua, viajé al lugar. Al principio, entré al mundo de las estampillas motivado por el diseño, pero ahora no puedo concebir una estampilla si no es con la parte histórica que lo respalde. Sí o sí, parto pensando en la historia y los antecedentes técnicos. Todo tiene que ser preciso.

Mi señora y yo tenemos un tema con el número 16. El 16 fue el día que nos pusimos a pololear. El 16 nos casamos por el civil. Nuestros anillos de matrimonio pesan 16 gramos exactamente, de pura coincidencia. Una vez fuimos a Isla de Pascua y nos cambiaron de asiento a la fila 16. Después viajamos fuera del país, y también. Y para mí el 16 es el uno más seis, que da siete, o sea, el número de Dios. Y en cada estampilla, pongo un número 16 escondido. Es mi firma. A veces le agrego otros microtextos, como fechas. Son sabrosuras filatélicas”. 

Mauricio Navarro (48) es el único diseñador de estampillas del país y trabaja en Correos de Chile. En los últimos 20 años ha diseñado más de 220 sellos postales, los que lo han llevado a participar y ganar concursos internacionales.

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