Chao con la tecnología

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Chao con la tecnología

Por Alejandra Apablaza

A veces soy rabiosa. Siento el calorcito de la rabia subiéndome a la cabeza. No soy explosiva, no mando a la cresta. Pocas cosas me dan rabia: no me importa si voy manejando y no me dejan cambiar de fila para entrar a la autopista; no me importa que me dejen plantada o esperando mucho rato (esos son los mejores momentos para leer). Pero me da rabia que me engañen. Y mucha.

Puede ser ingenuidad, pero yo pensaba que las ampolletas no duraban más porque todavía no existía la tecnología para que duraran más. Pensaba que los científicos e ingenieros de productos estaban en una carrera sin fin por hacer las cosas más durables y de buena calidad. Sí, soy ingenua. También ignorante, porque pensaba que las pantys tenían que ser de un material delicado, por lo tanto frágil, y que estaban destinadas a romperse en pocos usos. Todo eso, hasta que vi un documental en donde un auto era remolcado por unas pantys de fibras indestructibles. Me dio rabia. Y mucha. Cada segundo mientras vi Comprar, tirar, comprar en YouTube, sentí ese calorcito de la rabia.

No solo se trataba de iPhones a los que no les dura la batería ni para cumplir su propósito de teléfonos móviles, manteniéndonos esclavos del enchufe y pidiendo favores en cafés, tiendas o dónde lo pille la descarga. Tampoco de planchas que se recalientan (o no calientan) exactamente a los 2 años de uso, “justo” cuando la garantía se termina.

Maldita Obsolescencia Programada, que tiene a Ghana llena de basura tecnológica. Lo que se resume en: contaminación por plomo en el suelo y las aguas, y población con graves enfermedades respiratorias, la que, sin saber del daño que les produce la quema de metales y plásticos, respiran químicos letales. Ya no hay biodiversidad en esa zona, obvio.

Si Thomas Alva Edison estuviera vivo, y viera cómo destruyeron su fantástico invento, seguro hubiera ido a cantarle Feliz Cumpleaños a la ampolleta de la Estación de Bomberos nº6 de California, Estados Unidos, que lleva 117 años prendida. Sí, 117. Yo no sé cuántas he usado en mi vida, muchas seguro.

La primera intención de la Obsolescencia Programada no suena tan maquiavélica: reactivar la economía, luego de la caída de la bolsa de Nueva York en 1929. Comprar es parte del movimiento económico, da trabajo a la industria y eso mantiene el flujo. El problema es que hoy estamos llenos de cosas que no tienen destino y terminan en vertederos. La producción es tal, que no hay espacio para más.

Crezcamos en cultura, en artes, en tardes conversando con gente de carne y hueso, porque ya no queda espacio para crecer en tecnología, menos si tenemos que renovarla cada 18 meses. Sería tan bello que la economía funcionara de una manera más humana y menos egoísta. Que no hubiera vertederos tecnológicos y que todo ese material lo reutilizaran en hacer los productos nuevos. Como la gente en Ghana que hoy arregla impresoras, computadores e intentan disminuir en algo la avalancha de tecnología que les llega de Europa.

Mientras pienso ¿Y si no cambio el iPhone nunca más? ¿Me va a explotar en el oído? Tengo miedo.

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