Cómo hablar con nuestros hijos de abuso sexual

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Cómo hablar con nuestros hijos de abuso sexual

Por María José Buttazzoni / Ilustración: Holly Jolley

Me gusta criar a mis hijos confiados de su entorno y de las personas que los rodean. No quiero criar niños que luego de adultos piensen mal del resto o sean desconfiados del ser humano. Pero la vida va poniendo frente a uno episodios que alertan, que nos hacen abrir los ojos y nos empujan a esos límites que ningún padre o madre quiere conocer. El verano recién pasado me tocó conocer esa situación que uno siempre piensa que nunca vivirá. Ese tipo de historias que le pasan a “otros” y que hacen que uno quiera apretar “Control +Alt+ Delete” y hacer como que nunca hubieran pasado. Pero pasó y quiero compartirlo, ya que creo que es una manera de evitar que otros pasen por lo mismo.

Conocimos a un pedófilo y tuvimos la suerte de identificarlo a tiempo gracias a un mix de cosas. También gracias a permanentes conversaciones y estrategias en esos diálogos que hacen que un niño se atreva a hablar. La pedofilia es un desorden psiquiátrico, donde un adulto, o un adolescente casi adulto, se siente atraído por niños o niñas. Un pedófilo puede ser cualquier persona, de clase alta, media o baja, educado o no educado, rico o pobre, profesional o no profesional, de cualquier raza. En el 90% de los casos de algún tipo de abuso sexual, el pedófilo es alguien que conoce al niño y a su familia. Puede ser un pariente, un profesor/a, un padrastro o madrastra, abuelos/as, primos, alguien de la comunidad cercana del niño. Y generalmente el abusador resulta ser del género masculino (88% de los casos de abuso de menores es un hombre).

Algunos presentan algún tipo de enfermedad mental o desorden de personalidad. Se sienten muy atraídos por los niños y sus actividades. En muchas ocasiones, el pedófilo establece una relación cercana con los padres del niño para así ganarse su confianza y poder ser parte de esa familia. Una vez que tienen esa confianza, logran tener muchas oportunidades para comenzar a manipular al niño, usando el miedo, la culpa y el amor para confundirlo. Es fundamental entender que el pedófilo no es un extraño, no es un desconocido, es alguien del círculo cercano, alguien de confianza, o alguien que llega al círculo familiar y que se gana nuestra confianza. El pedófilo opera ganándose también la confianza del niño. Es un personaje entretenido, atractivo, lleno de cosas entretenidas.

Aunque estemos súper atentos, es difícil detectar a un abusador. Un abusador es capaz de mirarte a los ojos, sonreírte y hacerte creer que son personas confiables. Además, tienen una táctica para acercarse a los niños, que es brillante. Su fin no es violarlos una vez y listo. Un pedófilo busca el proceso, entabla una relación. A este proceso se le llama “grooming”, que es cuando el abusador comienza a construir un vínculo emocional. Esto también es una forma de abuso. Y donde, además, “tantea” terreno para ver si el niño le cuenta a alguien de esta relación. Entonces, ¿cómo nos protegemos para que no nos pase esto? ¿Cómo protegemos a nuestros hijos?

Primero, enseñándoles desde muy temprana edad sobre sus genitales y partes privadas con los nombres que corresponden: vagina, pene, ano, testículos, pechugas, pecho. Y que son sólo de ellos. Nadie puede tocar estas partes, ni fotografiarlas, ni pedirles que ellos toquen las partes privadas de otros. Pero también explicarles que, si alguien los toca, no es su culpa, sino del que no respetó esa regla. Es decir, un niño no puede sentir que si lo tocaron fue culpa suya y que no pudo cumplir la regla de sus padres, sino que la falta es del otro.

Hablar de los secretos es muy importante. Y en mi caso fue clave para darme cuenta de lo que estaba pasando. Es fundamental explicarles a los niños que si alguien les pide tener un secreto del que nosotros los padres no nos podemos enterar, significa que esa persona no tiene buenas intenciones y quiere hacer algo malo con ellos. Que nadie puede pedirles tener un secreto del que nosotros no seamos parte. Un pedófilo amenaza a un niño con que si nos cuentan el secreto, algo malo nos va a pasar, por lo que el niño no se atreve a contar. Además, estos secretos crean una cierta complicidad que es atractiva para un niño o niña, es algo entretenido. De cierta manera, los empodera el hacerlos sentir que hay algo que los padres no saben.

En caso de que detecten algo, atreverse a hablar. El abuso sexual ha existido por los siglos de los siglos, y siempre ha tenido un velo, nadie se atrevía a hablarlo. Era algo que quedaba oculto y que se guardaba en una caja bajo siete llaves. Hoy, niños y adultos nos estamos atreviendo a hablar y a denunciar con más rapidez situaciones de abuso o acoso, dejando claro que estos actos abusivos ya no se toleran, lo que ha llevado a que comencemos a educar a nuestros hijos sobre este tema para alertarlos y prevenir.

Si enseñamos y hablamos de este tema de manera positiva, reforzando creencias, comportamientos adecuados, actitudes desde la primera infancia en adelante, iremos desarrollando en ellos la capacidad de cuidarse y de respetarse a ellos y a otros. Sigo creyendo que debemos educar en la confianza, en la bondad, pero con la alerta presente de que por ahí aparece alguien que padece esta enfermedad y que puede atentar contra ellos.

María José Buttazzoni es educadora de párvulos y directora del jardín infantil Ombú. Además, es co-autora del libro “Niños, a comer”, junto a la cocinera Sol Fliman, y co-fundadora de Soki, una plataforma que desarrolla cajas de juegos diseñadas para fortalecer el aprendizaje y la conexión emocional entre niños y adultos.

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