Memorias de mi maternidad

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Memorias de mi maternidad

Por Luz Croxatto, actriz, guionista y profesora / Ilustración: Paloma Moreno

Parí en un Chile anterior, donde no existía el fuero maternal ni el postnatal de seis meses, ni Chile Crece Contigo. Solo dos obstetras practicaban el parto natural y el registro civil discriminaba entre hijos legítimos, ilegítimos y naturales.

Paula 1249. Sábado 21 de abril de 2018. Especial Madres.

No sé por qué acepté escribir esta columna.

Pésima idea hablar de este tema a mi edad.

Saco de la bodega una caja donde guardé la memoria de mi maternidad.

Entre los sobres con mechoncitos de pelo y dientes de leche, encontré mis diarios de embarazada, cartas que les escribí a mis niños, los cuadernos del pediatra y un montón de tarjetas y absurdas manualidades con motivo del Día de la Madre.

Lo primero que me sorprende es la devoción que me expresan mis retoños. ¡Hasta tercero básico me encontraban lo máximo!

Pero lo que más me golpea es la ternura con que les escribí mientras los esperaba, los amantaba y los veía crecer. ¿Qué pasó? ¿Dónde se fue? ¿Se habrá evaporado para siempre o volverá cuando lleguen los nietos?

Pienso en mi madre. Ella conserva intacta esa ternura. No le llego ni a los talones.

¿Será por eso que me resulta incómodo hablar de la maternidad?

¿Cuál es el atado? Sé de qué se trata. Traje dos personas a este mundo.

Con 12 años de diferencia, son como dos hijos únicos… y yo me considero dos veces primeriza, porque un asunto no tuvo nada que ver con el otro.

Con el primer embarazo subí 9 kilos y lo amamanté 27 meses. Con la segunda fue exactamente lo contrario.

Al mayor le tocó una mamá separada que trabajaba en la tele y, por lo tanto, bastante ausente. A la menor, le tocó una madre emparejada y guionista, que trabajaba en la casa y que casi siempre estaba cuando volvía del colegio.

Mis hijos tuvieron dos infancias muy distintas y puedo decir, sin temor a equivocarme, que ambos me quieren y me resienten, con la misma intensidad.

Parí en un Chile anterior, donde no existía el fuero maternal ni el postnatal de seis meses, ni Chile Crece Contigo. Solo dos obstetras practicaban el parto natural y el registro civil discriminaba entre hijos legítimos, ilegítimos y naturales. Ya no existía el fantasma de la polio, pero el sida había comenzado a esparcirse por el continente. La educación sexual era un chiste.

La educación sexual sigue siendo un chiste, pero mucho ha cambiado. Hoy los padres participan cada vez más de la crianza. Las mujeres pueden parir con una machi o una doula. La internet está plagada de blogs con testimonios, artículos y todo lo que hay que saber sobre los mocos, la dentición, el diagnóstico precoz del autismo o el lado oscuro del patito de goma.

Sin embargo, las madres de hoy enfrentan desafíos que no envidio para nada.

La alimentación de muchos niños se ha transformado en un problema de alta complejidad. Aparecen todo tipo de nuevos trastornos. Bullying presencial y online. Hasta el carrete es peligroso… Además del cambio climático y el plástico en el agua.

Actualmente mis hijos, tienen 33 y 21 años, respectivamente, y son excelentes personas.

Quiero pensar que no lo hice tan mal… pero sé que no corresponde.

Para empezar, tuve un gran socio en la tarea. Álvaro es el mejor papá del mundo y no estoy exagerando. Ni siquiera la adolescencia de los
millennials lo sacó de quicio.

No es que yo no tenga ningún mérito, pero sé demasiado bien que nada habría sido posible sin las extraordinarias mujeres que me asistieron en la crianza de mis hijos:

Teresa Nahuelhual y Rosa Herrera, mi gratitud es infinita y eterna…

Gracias a estas dos mujeres afectuosas, inteligentes y talentosas, yo pude trabajar tranquila y crecer profesionalmente. Mis niños estaban en buenas manos.

A su vez, ambas eran madres y para trabajar tuvieron que entregar la crianza de sus hijos a las respectivas abuelas, una en Temuco y la otra en Quilaco.

Chile y su maternidad delegada.

Creo que esto es lo que me perturba del tema…

Ese río sin orilla, de amor y de culpa.

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