Paz Bascuñán en defensa del instinto
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29 Agosto, 2012

Paz Bascuñán en defensa del instinto

Grabó Soltera otra vez, -la nocturna que la rompió en el rating y termina por estos días- totalmente embarazada. Capeó las grabaciones acostándose en la cama de Cristina, su personaje. Cuando llegó la hora de parir, quiso hacerlo de pie. Esta es la historia de Paz, luego de librar su propia guerra contra un sistema de salud que la empujaba a una cesárea innecesaria.

Por: Andrea Lagos / Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Daniel Pacheco / Maquillaje y pelo: Marcelo Bhanu para Dior / Agradecimientos: La Joya, Banana Republic, Prüne, A de Antonio, Bárbara Briones y Sala Vitra.

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Paula 1103. Sábado 1 de septiembre de 2012.

El segundo mes de las grabaciones de Soltera otra vez, Paz Bascuñán quedó embarazada. La vistieron con tenidas de corte amplio y no disimularon las tremendas pechugas que le provocaba su estado. Todo el equipo la cuidó. Como no podía subir ni bajar escaleras por indicación del doctor, le instalaron un camarín en el mismo set. Cuando todos salían a comer, ella se quedaba en la cama de su personaje, Cristina Moreno, comiendo un poquito de arroz para no vomitar.

Esta era la segunda vez que le pasaba. Con su primer hijo, Teo, grababa escenas en la teleserie Los Pells. Pero esta vez quería darlo todo y más: era la protagonista de la serie nocturna de Canal 13. Era Cristina Moreno, una treintañera que descubre al “Monito”, su novio, encamado con una estupenda rubia, más joven que ella. Desde ese combo en la dignidad, su personaje se dedica a probar diversos pasteles de la fauna masculina chilena: “el jovencito”, “el musculoso”, “el separado con hijos”, “el vecino aperrado”, “el viejo verde” sin encontrar a nadie más que a ella misma. La trama caló tan hondo en las mujeres chilenas, que el rating no ha bajado de los 26 puntos. Y Paz, desde su casa, apenas puede ver las escenas porque tiene que amamantar a su niña recién nacida.

Parir a Leonor, su segunda hija, ha sido la pelea más importante en la vida de Paz. Como pudo, escapó de la cesárea porque quería que naciera de la manera más natural posible. Para lograrlo, contrató a una comadrona, sacó garras y peleó con todos. Acá, la historia de la soltera más casada que ninguna con el productor español Miguel Asensio. Una recién parida que no tiene tiempo ni de verse a sí misma en la tele ni para salir a ventearse un rato.

Vuelve atrás: encienden la cámara, te enfocan. Y tú ¿cómo te sientes?
Mal. Me quería morir de malestar. Tenía tan poquita energía así que debía administrarla bien: andaba lento para no embarrar la historia.

Cuando contaste de tu embarazo ¿qué te dijo el equipo de la teleserie?
Estaba embarazadísima, pero dije:“voy a esperar un poco”. Típico resguardo que uno tiene. Traté de no contar, ¡pero soy pensamiento hablado! ¡Se me salió! Le dije primero al “pastel musculoso”, en una escena en la que estábamos escalando una roca con arnés. Arriba, colgando, le dije: “Yael, ¿sabís? que yo creo que estoy embarazada”. Entiéndeme que en la tarde ya sabía todo el mundo. Y cuando vi al director no me aguanté y ¡también le dije!

¿Se enojó?
Fue súper amoroso, pero en el fondo, dentro de él tiene que haberse preguntado “¿y ahora qué hacemos?”. ¡Qué cacho! Lo que pensaría cualquier persona que cuida lo que está haciendo. Pero traté de calmarlo: “No te preocupes, trabajé con Teo hasta el final y no va a ver ningún atado. Me siento súper bien!” Pero me sentía fatal.

¿Hiciste reposo?
Le dije a mi médico “en mi pega no puedo hacer reposo”. Había escenas en las que tenía que andar en bicicleta o me caía y se cambiaron.

Igual te mandaste el tremendo porrazo en un capítulo.
Truco. Lo mismo cuando el Monito casi me atropella: él frena antes de mandarme el auto encima.

¡Le dices Monito!
Quedó así: ¡pobre! Yo lo pasé muy bien a pesar de sentirme fatal. Fueron miles de complicaciones durante todo este embarazo. Me hice una cantidad de ecografías que me llega a dar cargo de conciencia. Cada vez que iba al doctor, me encontraba algo malo. Me programó cesárea y ¡yo no quería!

¿Por qué?
No quería sentirme como una vaca a la que llevan al matadero. Mi intuición era que yo no me tenía que hacer esa cesárea. Mi guagua estaba bien, había solamente que esperar. En este embarazo fui súper guerrera. Defendí mi instinto, mi conexión con mi guagua. Imagínate que nació a las 41 semanas. Y las guaguas nacen como máximo a las 40, si no te las sacan.

¿Por qué peleaste tanto por tenerla por parto normal?
En mi anterior parto, nunca me sentí protagonista. Fui un pajarito que estaba a merced de lo que me decía la matrona o el doctor. Iba de la manera que ellos dicen que es la ideal.

¿Acostada?
Así es, totalmente absurdo, no tiene que ver ni con la fuerza de gravedad ni con tus necesidades. Uno tiene que hacer una fuerza que es hacia abajo, pero si estás acostada, es muy difícil. Me sentí atrapada en un sistema que no está diseñado para la comodidad de la mamá y de la guagua. Está en nuestra genética saber parir. Si tú decides tener un hijo, tu cuerpo sabe cómo tenerlo.

¿Quién te ayudó a parir como querías?
Una doula maravillosa.

¿Qué es eso?
Una mujer que te acompaña afectivamente. Es como la escenógrafa de una obra de teatro. Se encarga de que el escenario, el vestuario y hasta la temperatura estén bien.

¿Por qué esa obsesión de que todo “esté bien”?
Quería que mi hija naciera como ella quisiera, como lo fuera pidiendo: que eligiera el día de su cumpleaños, y no que naciera el día que lo decide el doctor. Si estaba dentro mío aún era porque necesitaba estar ahí. Yo tenía mucho miedo y cuando logré sacármelo, ella salió.

¿De qué tenías miedo?
De lo que pudiera pasar, de las complicaciones. Después solté. Le dije a mi doctor “confía en mí y en mi guagua: dejémosla tranquila unos días más”. Y no quise volver a hacerme monitoreo: ¡no quería más! Confiaba en que mi guagua estaba bien.

Parir de pie

Querías un sistema alternativo y te estabas atendiendo en uno tradicional: eso es nadar contra la corriente.
Pero me fui encontrando con las personas precisas y ajustando todos los detalles para que mi parto fuera mío y de nadie más. Ahora hay una intención de los doctores de hacer partos más humanizados, resguardados por la medicina y los conocimientos de ellos, que son valiosísimos.

“Hay gente que toma la opción de no tener hijos y lo encuentro muy legítimo, pero en mi caso tenía súper claro que en algún minuto de mi vida iba a querer tenerlos y eso no lo iba a transar por nada”.

Entonces ¿fue de pie pero en una clínica?
Sí, fue en una clínica, pero llegué a último minuto. Si quieres tener un parto natural tienes que crear un ambiente para entrar en trance. Porque es verdad: parir duele. Pero si entras en un trance el dolor es soportable.

¿Cómo entras a ese estado?
De partida no en una clínica, donde te estén preguntando: “¿Del uno al 10 cuánto le duele?” Así, es imposible. Yo me quedé en la casa, en la tina caliente hasta el final. Llamé a la doula y ella fue a verme a la casa. Ahí nos fuimos juntas a la clínica.

¿Ya estabas con contracciones?
Estaba en las últimas, como que la Leonor podía nacer en el auto. Me fui un poco al chancho, pero no me arrepiento. Tenía que protegerme de este sistema que me iba a obstaculizar el camino que había elegido.

Fuiste en contra de todo. ¿Qué decía tu mamá?
Me dijo: “Es tu guagua y estás contactada con tu intuición. ¡Hazte caso!”.

¿Y tu marido?
Fue respetuoso y contenedor.

Con todo, finalmente ¿nació bien?
El nivel de vitalidad de las guaguas se mide de uno a 10. Ella nació con 10 ¡y con los ojos abiertos! Estuvo conmigo una hora en mi pecho y después la fueron a pesar. ¿Qué importa saber cuánto pesa a los 30 segundos que nació? Con mi otro hijo yo gritaba “¡devuélvamelo! ¡dame a mi hijo!”, parecía una loca.

Qué agotador.
Con mi primer hijo, tuve que ser una leona en el parto. Por eso ahora decidí pelear antes y funcionó: ninguna enfermera me hizo preguntas innecesarias, había una temperatura y luz adecuada, mucha calma.

¡Como una obra de teatro!
Este parto fue precioso. Fui protagonista total de un minuto que yo considero sagrado.

El abuelo y Paz

Noche. Domingo. Están a punto de dar en Canal 13 un nuevo capítulo de Soltera otra vez. Paz está en el dormitorio de su hijo de 3 años, poniéndole pañitos fríos para bajarle la fiebre. No deja que la vea en la TV porque nota que él se angustia. Lo mismo que cuando están jugando en la plaza y se le acercan a pedirle una foto. Cuando logra bajarle la fiebre y dormirlo, le da pecho a Leonor. En pantalla, su personaje besa al vecino. Madre e hija, descansan, rendidas. El rating sube, ellas duermen.

¿Por qué crees que las mujeres se identifican con este personaje tan pavo que es la Cristina?
Todas tenemos un poco de ella. Todas. Hasta la más cool en algún minuto ha sido un poco Cristina. ¿Quién no ha sufrido por amor? ¿Quién no ha pasado una vergüenza o se ha pegado un condoro amoroso? ¿Quién no ha estado en la búsqueda por una buena relación? ¿Quién no tiene algo de romántica, ingenua o torpe? A todas nos ha pasado lo que le pasa a la Cristina. Creo que eso engancha.

Igual uno la odia un poquito.
Es compleja. Lo mismo que el Monito: no es un “infiel desgraciado”.

¡Cómo que no!
Está confundido, se equivocó.

Te sale muy Cristina eso que dices.
Los seres humanos nos equivocamos, es así.

¿Cómo termina la historia? ¿Cristina se casa con el vecino? ¿Nicole se embaraza del Monito?
Soy una tumba. Ni siquiera le cuento a mi marido. Mis hermanas me llaman para preguntarme y yo ¡no suelto ni una! Pero qué aburrido saber el final. Una lata, les hago un favor con no contar.

Y tu abuelo, Patricio Aylwin, el ex presidente ¿qué te comenta?
Mi abuelo no la ve.

¿Nunca?
Nunca.

¿Ni con todo el éxito que estás teniendo?
Mis dos abuelos se duermen temprano. Esperar hasta esa hora se les hace difícil. No la ven, simplemente.

Qué fome.
Por un lado, es mejor, porque ellos tienen 93 años. Saben perfecto de qué se trata. Pero hay una escena en que la Cristina se besa con la Loreta. Cosas que para mis abuelos, me imagino, no será lo más bonito de ver.

Claro, son más conservadores.
¡Es que tienen 93 años! Vienen de otra época, donde las mujeres andaban con vestido largo y no se les podía ver el tobillo. ¿Me entendí?

Y de todos los pasteles ¿cuál te pareció más adorable?
El Denis, el joven: lo máximo. Exquisito, increíble. Yo le decía, en la cama: “Te mentí: Tengo 35, no 25. Soy una vieja”. Y él me respondía: “No te preocupí, da lo mismo. Yo tengo 18, no 24”. A mí con eso me daba un ataque de risa heavy.

¿Tuviste parejas más jóvenes?
Tuve por ahí un pololo que tenía como ocho años menos, pero duró poco. ¡Pero nunca 18 y 35!

Como Cristina, ¿saliste varias veces a buscar tu felicidad?
Hasta que conocí a alguien que me hace plenamente feliz.

Te regodeaste harto: pololeaste con Camiroaga, Benjamín Vicuña, los minos de Chile, y te casaste finalmente con un español a los 33. Esta serie eres tú, la hicieron inspirada en ti.
Nooo, no soy tan pava como la Cristina. Y él no es español, es asturiano: muy honesto, claro y seguro. Todo eso me encanta. Hay gente que toma la opción de no querer tener hijos y lo encuentro muy legítimo, pero en mi caso tenía súper claro, que en algún minuto de mi vida iba a querer tenerlos y eso no lo iba a transar por nada. Entonces, es bonito cuando encuentras a una persona con un proyecto que tenga que ver con el tuyo.

“Todas tenemos un poco de Cristina. ¿Quién no ha sufrido por amor? ¿Quién no ha pasado una vergüenza o se ha pegado un condoro amoroso? ¿Quién no tiene algo de romántica, ingenua o torpe? Creo que por eso las mujeres engancharon tanto con ella.

Es que no les puedes andar diciendo a los hombres, como la Cristina ‘Quiero que seas el papá de mis hijos’.
Exactamente. Pero si su proyecto es sin hijos y el tuyo con hijos: anda por tu camino, que yo iré por el mío. Déjalo ir.

Es una opción legítima que ellos no quieran tener hijos.
Sí, pero hay hombres atrapados en el miedo. ¿Y hacer uno de la enfermera, que le va a quitar el miedo para que se atrevan a ser papás? ¡Que aburrido! No. Para Miguel no era su prioridad en la vida tener hijos, pero no tenía miedo a tenerlos.

Las garras de Paz

Ahora que estás en tu casa ¿tienes tiempo de ver noticias?
¡No tengo tiempo ni de ver los mails!

¿Te alcanza el tiempo para hacer yoga o algo?
No hago yoga: un día me quebré un brazo en un ensayo de una obra. Son cosas estilo Cristina que me pasan a mí.

¿Y cómo te cuidas para estar tan flaquita?
Doy harta leche, hago Pilates, saco a mi guagua a pasear en coche y cuando mi hijo va al jardín lo voy a buscar caminando y vuelvo caminando. Esa es toda la aventura de mi vida.

¡Pobre!
El otro día fui a la inauguración del Sanfic, con un vestido tipo Sex and the city y me demoré como dos horas en arreglarme. Me bajé del taxi, me saqué una foto y me llamaron que la Leonor no paraba de llorar. Así que entré por una puerta y salí a los dos minutos por la otra.

Y aquí estás, tomando agüita de manzanilla.
Es que no puedo tomar leche porque a mi hija le hace mal. Nos fuimos de vacaciones a España y tenía la fantasía de estar en la playa, pero con guagua de tres meses es un poco difícil: el viento, la arena, el sol; me lo pasé metida en una carpita con la Leonor.

Puede ser tonta la pregunta, ¿pero a ti te caen bien los españoles? ¡Son tan bruscos!
Antes me daba pánico hasta pedirles agua. Me contestaban gritando: ¡con gash o sin gash! ¡con hielo o shin hielo! Ahora me relaciono mejor con el tono. Eso tan chileno de pedir perdón para todo, ya no. Y el “por favorcito me pasa esa cosita” tampoco.

Te veo. No estás nada de pollita.
No, yo ahora soy una leona.

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