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31 octubre, 2017
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Saint Laurent de museo

Hace un par de semanas se inauguró en París un alucinante espacio que recorre la vida y la obra de uno de los más grandes diseñadores de la historia. Él, junto a su pareja y socio Pierre Bergé, pasaron años planificando cada detalle de este museo y conservando los diseños para exhibirlos con el mismo lujo con que emprendieron cada aventura. Aquí, un recorrido por sus hitos.

Por Constanza López G., desde París / Fotografía: Museo Yves Saint Laurent


Paula 1238. Sábado 4 de noviembre de 2017.

“Me gustaría ser reconocido como un artista que construyó una obra. Me gustaría que
dentro de 100 años, se estudiaran mis diseños”.
(Yves Saint Laurent)

5 Avenue Marceau. Su histórica casa de costuras. Sobre la moldura de la puerta de dos alas negra y dorada, se lee Musée Yves Saint Laurent Paris, en su clásica tipografía, la misma del logo de las iniciales entrelazadas.

Cuatro retratos del diseñador firmados por Andy Warhol reciben al visitante. Al frente, un salón redondo –molduras en las paredes, lámpara de lágrimas, pequeñas sillas color oro y tapiz verde– el mismo donde sus célebres clientas eran atendidas para hacer sus pedidos y en el que se hicieron los desfiles de alta costura hasta 1976. Allí, un documental que comienza cada 20 minutos da cuenta de la trayectoria profesional del diseñador y de sus grandes contribuciones al mundo de la moda, desde sus primeros pasos en la casa Dior, cuando tenía 19 años, hasta su retiro en 2002.

Pierre Bergé –su pareja y socio– estuvo a la cabeza de este mega proyecto que encargó a dos personas de toda su confianza: el decorador Jacques Grange, quien ayudó también a la dupla en el alhajamiento de varias de sus casas, y a la escenógrafa Nathalie Crinière. Ambos profesionales estuvieron a cargo, además, de varias de las exposiciones que ha montado en la última década la Fundación Pierre Bergé–Yves Saint Laurent.

Bergé murió un mes antes de la inauguración del museo, el pasado 8 de septiembre. No alcanzó a ver la obra que prepararon él y Saint Laurent a partir de 1964 cuando comenzaron a conservar los prototipos (esto es, el diseño creado para el desfile), los accesorios, fotografías, videos, cuadernos de clientes y todos los croquis y fichas que dan cuenta del proceso creativo y productivo de cada diseño. Hoy la colección tiene 5.000 piezas (y 65 correspondientes a sus años en Dior, entre 1955 y 1960), que se irán mostrando rotativamente, tanto como parte de la muestra permanente como de exhibiciones temporales.

Tras el salón del acceso, el recorrido sigue en un amplio pasillo negro de luz tenue donde de pronto surge “Le Style”, la sección que reúne las creaciones que fueron definiendo el estilo Saint Laurent en el tiempo, aquellas que marcaron la apropiación del vestuario masculino para darle a la mujer confort, seguridad en sí misma, liberación y elegancia a la vez. Ahí están la chaqueta sahariana y el esmoquin, pero también el chaquetón marino azul de lana y el abrigo de cuero acinturado.

Un segundo museo se inauguró a mediados de octubre, en las cercanías de Jardin Majorelle, la casa de Saint Laurent en Marrakech.

“En Marruecos descubrí el color”. (YSL)

Saint Laurent conoció Marruecos en 1966 y desde entonces lo convirtió en su refugio emocional y creativo. Allí se encerraba cada año, en enero y en junio, durante 15 días, a crear su próxima colección. Esos croquis (también los muchos con diseños que hizo para ballet, ópera, teatro y cine) están expuestos en vitrinas gigantes que van relatando “la historia de una colección”, la cadena creativa, desde ese boceto inicial, hasta el orden y la secuencia que tendría cada desfile, a través de decenas de dibujos, muestras de géneros, colores y texturas, propuestas de peinados, zapatos y sombreros y fotos de las distintas etapas.

Una de las fichas de trabajo del desfile de alta costura primavera-verano 1988, la de los trajes de tarde largos y bordados. A los dibujos del diseñador, se agregan en la ficha las muestras de las telas, la modelo que lo desfilará, el nombre de la costurera a cargo y el orden de aparición en la pasarela.

“Esa águila de dos cabezas que cruza los mares, que traspasa fronteras y conquista el mundo, somos nosotros”. (YSL)

Medio piso más arriba, en una sala alargada enteramente oscura y en la que caben 12 personas, una pared curva está cubierta por una enorme pantalla horizontal. En ella, en secuencias paralelas, las voces de Saint Laurent y de Pierre Bergé van contando sus propias historias y la gran historia que construyeron juntos, la de amor y la profesional. Sus infancias, sus estudios, su pasión por el arte y el coleccionismo, la suntuosa decoración de sus casas y la construcción del imperio de la moda. “La águila de dos cabezas” se titula esta sección.

El estudio de Saint Laurent se conserva tal cual él lo ocupaba. Sus recuerdos más preciados conviven con decenas de objetos de costura y su colección de libros. © Fondation Pierre Bergé – Yves Saint Laurent, Paris / Sophie Carre

“Mis más bellos viajes son aquellos que he hecho a través de los libros”. (YSL)

El estudio de Yves Saint Laurent es quizá el lugar más significativo –y emocionante– del museo. En esta pieza latió el corazón del edificio de la Avenue Marceau durante 30 años, a pesar de que no más de 7 colaboradores tenían acceso a él y solo Pierre Bergé entraba sin anunciarse. Si la habitación contrasta con la suntuosidad del resto de los salones, es porque se ha conservado la atmósfera de trabajo que Saint Laurent necesitaba. Se trata de un espacio neutro, claro y silencioso, en el que un enorme espejo, que va de pared a pared, constituye el elemento principal. Él examinaba cada diseño desde su reflejo en el espejo, como si fuese una suerte de interface que le permitía la apreciación correcta.

Una vez que los croquis dibujados por Saint Laurent habían sido distribuidos en cada uno de los talleres (200 personas llegaron a trabajar simultáneamente en la casa), eran presentados en estado de “toile”, esto es, cosidos en una pieza de algodón blanco, que una modelo desfilaba para Saint Laurent, quien entonces podía hacerse una idea de las proporciones y de la silueta y definir entonces las telas definitivas a usar y el tratamiento que recibirán.

El estudio permite hacerse una idea de la cabeza incansable de Saint Laurent, de la enormidad de su universo de inspiraciones. Decenas de libros, muestras de telas y de accesorios, pantones, carpetas, cajas perfectas, bisutería, cuadernos y croqueras de todos los formatos, fotos y recuerdos, y cientos de lápices dan vida a mesas, caballetes, repisas y anaqueles perfectamente ordenados.

La galería de las curiosidades reúne dibujos de vestuario diseñado para teatro, ópera y cine y una colección de accesorios. Al fondo el vestido de novia “La Paloma”. Photograph by Luc Castel.

“Los accesorios transforman el vestuario, transforman a la mujer”. (YSL)

Una vitrina de suelo a techo es el escenario para mostrar el vestido de novia, esa pieza emblemática que tradicionalmente cierra los desfiles de moda. Para inaugurar el museo, el vestido elegido fue “La Paloma”, de la colección 1998, que desfiló Carla Bruni. Es una mini drapeada blanca  y ceñida al cuerpo, con volantes (alas de paloma) de piqué de algodón, con un tocado de organza y brillos, también, en forma de paloma.

Pasos más allá, pequeñas vitrinas cuadriculadas exhiben decenas de accesorios utilizados por Yves Saint Laurent y a los cuales les prestaba tanta atención como a la ropa. “Me gusta que la ropa sea simple y el accesorio, loco”, solía repetir. Sombreros, zapatos, carteras, guantes y joyas se despliegan en esta sección que se llama “Gabinete de curiosidades”. Nunca ocupó ni metales ni piedras preciosas ni perlas de verdad; no quería tener límites a la hora de combinar materiales.

Una muestra de colecciones inspiradas en distintos países. Un bordado de un diseño de alta costura podía tomar hasta 200 horas de trabajo. Photograph by Luc Castel.

“Para vivir, para sobrevivir, todo hombre está obligado, como decía Nietzsche, a tener fantasmas estéticos”. (YSL)

Al entrar al espacio que cierra el recorrido del museo, se escucha nuevamente la voz e Yves Saint Laurent. Suave, arrastrada, serena. Una pantalla pequeña lo muestra en la conferencia de prensa en la que anunció su retiro de la moda, en 2002, cuando tenía 66 años pero una salud deteriorada por los excesos que marcaron su vida y su carácter emocionalmente inestable.

Aquí se muestran las inspiraciones del mundo del arte que marcaron sus diseños. Y, si bien hay varias, para esta primera etapa, la curatoría del museo eligió vestidos que Saint Laurent elaboró a partir de obras de Van Gogh, Mondrian, Picasso y Matisse.

“También a esos fantasmas estéticos hoy les digo adiós. Los conozco desde mi infancia y para encontrarlos es que he escogido este maravilloso oficio. Gracias a ellos he reunido a mi alrededor una familia que me ha ayudado, protegido y amado”. (YSL)

Coordenadas:
Abierto de martes a domingo de 11 a 18 horas.
Entrada: 10 euros (compra por internet: 11 euros) museeyslparis.com

*En la foto principal: Yves Saint Laurent, 1971. Photograph by Jeanloup Sieff © Estate of Jeanloup Sieff.

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