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7 septiembre, 2017
orla

Todo vuelve

Seis piezas que, 50 años después de su debut, son imposibles de obviar.

Por Francisca Urroz / Fotografía: Carolina Vargas / Producción: Camila Letelier / Maquillaje y pelo: María José León


Paula 1234. Sábado 9 de septiembre de 2017. Especial moda, inspiración 1967.

Pata de elefante

En 1810, la Armada estadounidense incorporó un pantalón acampanado que permitía tapar las botas militares. Pero no fue hasta los 60 cuando llegó a las calles. Usado especialmente por los hippies, como un símbolo del movimiento pacifista, también representaba la igualdad de género. En los 70 se volvieron más anchos aún y se consagraron como una prenda que sube y baja constantemente de las pasarelas. Un tema que se profundiza en el libro Historia política del pantalón, de la historiadora francesa Christine Bard. Carolina Herrera y Nina Ricci acaban de incluirlo en sus últimas colecciones.

Polera rayada

Brigitte Bardot en la película El Desprecio, estrenada en 1963.

“Cuando una pieza se vuelve cargante de tan vista, pero aun así nos sigue gustando, es bueno permitirse recordar que, más allá de las miles de copias, hay una que es la original”. Así partía el texto que en septiembre de 2013 escribía la entonces editora creativa de Paula, Nina Mackenna, para referirse a la polera Saint James.

Un clásico infinitamente replicado, pero sin la historia de esta marca nacida en 1850 en Normandía, en Ducey, un pueblo de tres mil habitantes. Los polerones, creados originalmente para la marina francesa, fueron inmortalizados por Picasso, Warhol, Bardot y Chanel. Instagram: @saintjames.

Polera, $ 89.990, Adolfo Domínguez.

Safari

Chaqueta Barbados, $ 36.990, Ripley. Cinturón, $ 7.990, Forever 21.

La chaqueta safari fue una suerte de uniforme para el diseñador Yves Saint Laurent, que la usaba casi a diario junto a un pantalón a tono. En 1967 desplegó ese interés en la pasarela femenina y mostró un modelo de lino ceñida a la cintura, con botones y cuatro bolsillos, en conjunto con pantalones, faldas y trenchs, siempre en tonos caqui. “El estilo safari ha invadido las ciudades europeas. La chaqueta es larga, recta, con muchos botones. La falda puede ser recta, falda-pantalón o bermuda. También se incluyen la falda y blusa camisera del mismo género”, se leía en Paula ese año. Roberto Cavalli, Dior y Missoni, cada uno a su manera, mostraron el look safari en sus colecciones resort 2018.

Traje de baño

Traje de baño, $ 96.700, Touché. Anteojos, $ 59.900, Komono.

Los 60 son sinónimo de bikini, pero el traje de baño de una pieza también era popular. Con la masificación de la lycra se reinventó: rebajados a los costados, con cinturones, con aplicaciones de argollas o de hilo, para tomar sol. La marca top era Catalina. Para el verano 2018 Hermès y Chanel lo incluyeron en sus pasarelas resort 2018.

Vestido mini

Vestido, $ 6.990, Reciclage I Love.

Mary Quant tenía 31 años cuando en Londres lanzó una falda de 34 centímetros de largo, causando un efecto dominó: se replegaron los portaligas que quedaban a la vista y se consagraron las pantys. La industria cosmética se lanzó con el maquillaje para piernas y marcas como Estée Lauder pusieron a la venta líneas completas, con polvo, lubricador y colorete para las rodillas. En Chile, Coppertone fue el autobronceante más conocido.

Estampas pop art

Uno de los modelos Mondrian, parte de la colección dedicada por Saint Laurent al trabajo pictórico de Piet Mondrian, que fue exhibida en el 66 en el Museo Municipal de La Haya. Fotografía: Libro Moda, 150 años, de Charlotte Seeling, ed H.F. Ullmann.

En diseños icónicos como el vestido Mondrian (1965), de Saint Laurent; el “souper dress” (66-67), de Warhol hecho en papel; y en piezas de Roy Lichtenstein. Los estampados en colores encendidos y de variados motivos fueron parte del alma de la moda de esta década y la siguiente.

Estampas geométricas, con figuras de manos, ojos, bocas, alusiones al cómic y a la cultura de consumo. El proceso hoy se ha simplificado gracias a la tecnología de la impresión por sublimación y tiene en Chile a la diseñadora Daniela Hoehmann, dueña de la tienda Roberta (@robertashowroom), como una de sus máximas exponentes.

Vestido Missoni, $ 440.000, Cómplice.

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