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14 Septiembre, 2012

Promesas del diseño

Estudiar Diseño de Vestuario es una quijotada en Chile por el limitado campo laboral, los bajos sueldos y la escasa proyección internacional. Sin embargo, 1.500 estudiantes se matriculan cada año con el sueño de destacar y vivir de este arte. Paula consultó a 15 profesores de las escuelas más importantes que imparten la carrera para dar con las cuatro promesas del diseño que podrían lograrlo.

Por Francisca Gabler / Fotografía: Martin Pisotti / Producción: Josefina Rivero / Maquillaje y pelo: Constanza Montenegro / Modelo: Kaoany (Elite)

Cada año se sientan frente a una máquina de coser mil quinientos estudiantes novatos que ingresan a las distintas escuelas de diseño de vestuario chilenas. Tres universidades imparten la carrera: la Universidad del Pacífico, Universidad de las Américas y Uniacc. Además, hay cuatro institutos (Inacap, Aiep, Duoc UC e Incacea) y otras tres instituciones especializadas que la dictan. De las universidades tradicionales ninguna la ofrece, pero sí tienen ramos que abarcan el área del vestuario. En el caso de la Universidad Católica se permite tomar algunas asignaturas en la carrera de Diseño relacionadas a la moda. “No es una formación orientada a la especialidad, porque entiende el diseño como una disciplina integral, donde una posibilidad, entre muchas, es el vestuario”, explica Soledad Hoces de la Guardia, profesora de Imagen Textil de la UC. La Universidad de Chile, en tanto, acaba de abrir este semestre una asignatura llamada Indumentaria, donde enseñan Moldaje Básico a Diseño Gráfico y Diseño Industrial a partir del tercer año. De acuerdo a su jefe de carrera, Osvaldo Zorzano, una de las razones para incluir el nuevo ramo es que “el mercado nacional debería ir mucho más proyectado a la indumentaria de trabajo, que está muy mal cubierta. Si la gente que murió en Antuco, por ejemplo, hubiera tenido una vestimenta tipo Northface, la historia habría sido otra”, dice.

Estudiar Diseño de Vestuario cuesta casi dos millones de pesos anuales, pero implica otros gastos, como los insumos en materiales: telas, hilos, y papeles de molde, que pueden llegar hasta los 30 mil pesos mensuales. También es fundamental contar con un computador personal con programas como illustrator y photoshop. De acuerdo al Informe Futuro Laboral 2011, elaborado por el Ministerio de Educación, el ingreso bruto promedio de un diseñador de vestuario el primer año de trabajo es de $ 358.942, llegando a los $ 538.919 el quinto año. Solo 10% de los titulados comienza a ganar sobre un millón en el mismo período de tiempo, y 25% sobre los 600 mil. “El mayor campo laboral está en las pequeñas y medianas empresas”, explica Mary Ann Lama, jefa de la carrera de Diseño de Vestuario en el Instituto Duoc UC. “Hay quienes se dedican al área de uniformes corporativos y otros desarrollan vestuario de canales de televisión, teatro y producciones de moda”, cuenta.

En el caso del retail, constantemente se abren nuevas marcas y se necesitan diseñadores. “Ahí el trabajo apunta a crear fichas técnicas y hacer estudios de tendencias, pero la oferta laboral es reducida porque las empresas no ocupan más de 4% en el mercado”, explica Lama. Alejandra Cuevas, diseñadora hace siete años en una gran empresa de retail, agrega: “Es harta pega, pero es una buena escuela para quienes quieren emprender un negocio propio”.

Lanzar una marca propia –el sueño de muchos– es la última alternativa laboral. “Lo difícil es la poca profesionalización de los talleres de costura, cuesta encontrar lugares donde confeccionen en cantidades reducidas”, dice Piedad Aguilar, directora creativa de Hall Central, la multitienda más grande de diseño de autor en Chile. “Pero si un diseñador es muy movido, puede surgir con un negocio rentable. Cada día se aprecia más el diseño independiente, hay más ferias y locales donde vender y se hace la pelea al retail”, concluye.

Mauricio Fredes (22)

El New York Fashion Week es de esos eventos de moda a los que cualquier amante del diseño de vestuario soñaría con asistir, porque ahí presentan sus adelantos grandes diseñadores. Mauricio Fredes, estudiante de quinto año en el Uniacc, estuvo allí. Lo invitó Polyvore.com, sitio donde se crean montajes y combinaciones de ropa y accesorios al estilo de la revista Vogue, en el que Fredes participa y es un hit. Tiene más de 11 mil seguidores y acumula casi 9 millones de visitas en cinco años. Fredes es de Curicó y de sus padres le viene la sensibilidad hacia la ropa. “Mi papá se manda a hacer sus propios trajes de huaso. Mi mamá estudió Corte y Confección; nunca ejerció, pero siempre la vi arreglando su ropa”, dice. Paralelo a sus estudios, trabaja como asistente de la diseñadora Kika Neumann, quien fue su profesora, y lo reclutó. “Tiene buen ojo para la producción de vestuario. Sabe detectar tendencias e investiga lo que hay en el mercado. Es impresionante todo lo que sabe”, cuenta Neumann. Es precisamente en el área de la producción de moda donde Fredes se quiere desempeñar en el futuro. “Me encantaría trabajar en una revista como editor de moda”. Kika Neumann cree que esa es una aspiración correcta y que este viaje a Nueva York le será muy provechoso para meterse en ese mundo. “Tengo la impresión de que en Chile no va a durar mucho, sino que va a terminar trabajando fuera” dice. http://mauriciofredes.polyvore.com

Catalina Heap (26)

Joyas que visten el cuerpo. Esa es la línea que investiga y ha llevado a destacar a Catalina Heap, estudiante de cuarto año de Inacap. “Sus creaciones tienen una intensidad dramática, una visión fresca y vanguardista de una disciplina que no ha sido muy abordada acá: diseñar joyas como una prenda de vestir”, señala Gabriel Zamora, profesor de Taller de Título y Diseño de Vestuario de Inacap. Catalina llegó a Diseño de Vestuario luego de probar con Psicología y Diseño Industrial y de enfrentar varios temores propios y de sus padres. “Mis papás encontraban que era muy limitado el campo laboral”, dice. “Pero esto es lo mío y me la estoy jugando”, agrega. En segundo año lanzó su marca de joyas Necat que comercializa a través de facebook, donde tiene más de mil seguidores. Ahora está exponiendo en el Centro Cultural Palacio La Moneda. Con cadenas de bronce recubiertas en estaño, que compra en la calle Rosas, y piedras que encuentra en anticuarios y ferias confecciona cada pieza sobre un maniquí, valiéndose solo de un alicate. “Mi inspiración son los ornamentos típicos de tribus de África, Asia y la cultura mapuche, accesorios ancestrales que se han ido perdiendo con el tiempo. Busco referencias antiguas y las combino con una estética pagana. Hace dos años me obsesioné con eso: empecé a leer mucho sobre ocultismo y tomé los elementos que más me llamaban la atención para generar algo interesante con mis joyas”, explica. www.flickr.com/photos/necatdiseno

Javiera Soza (24)

A pesar de su juventud, Javiera Soza tiene en su curriculum algunos puntos muy destacados: con solo 19 años fue asistente de la diseñadora de vestuario Alex Gore Browne, profesora de la prestigiosa escuela de Arte y Diseño Central Saint Martins, mientras vivió en Londres; sus ilustraciones de moda han sido publicadas en las revistas One Book y Bite Magazine, e impresas en algunas poleras de la marca MO; y, mientras estudiaba Diseño de Vestuario en la Universidad del Pacífico, hizo un intercambio en el Instituto Europeo de Diseño (IED) de Barcelona. Formarse y nutrirse con lo que pasa en el extranjero es algo que a Javiera le parece fundamental. “La visión de las escuelas allá es mucho más cercana a cómo funciona el mundo de la moda. En Chile, en cambio, no te enseñan qué textiles ocupan las grandes marcas ni qué países fabrican las mejores telas, no profundizan mucho más de lo que ven acá. Allá, además, tienes contacto directo con proveedores textiles de Asia y Europa”, explica. Recién llegada a Chile, ahora Javiera quiere dedicarse a terminar su tesis y trabajar en alguna empresa de diseño, para juntar plata y sacar una mini colección de vestuario masculino. “La ropa de hombres acá es muy obvia, se innova poco, por eso quiero partir por ahí. Después me gustaría difundirla a través de sitios de internet de moda, e intentar trabajar en showrooms internacionales que muestren el trabajo. Eso se da mucho afuera y es una buena plataforma”, explica. http://javierasoza.com

Nicole Farfán (23)

Hija de un supervisor de obras en una empresa constructora y una teleoperadora, Nicole Farfán sabe que solo una gran pasión por lo que hace puede justificar que siguiera por esta carrera. “Es mi sueño. Desde los 12 años me hacía vestidos con sábanas o ropa vieja”, dice. Estudiante de cuarto año del Duoc UC, costeó parte de su carrera con un crédito fiscal; el resto, lo paga con el ingreso que obtiene trabajando en una fábrica de uniformes escolares los dos días de la semana que tiene libre. “Su gran valor es que es muy esforzada y meticulosa. Destaca en el trabajo de teñido de telas”, dice Maite Brito, su profesora. Nicole hace intervenciones con shibori, una técnica de teñido japonesa, a la que ha sabido darle otro valor, para que no se vea tan artesanal. “Me gusta porque siempre resulta algo distinto, se puede jugar con la intensidad del color y trabajar con fibras naturales como lino o seda. Como son telas caras, compro ropa usada de tallas grandes en Bandera o Franklin. Un metro de lino cuesta 9 mil pesos y una blusa de lino en la ropa usada cuesta cien pesos”, dice Nicole, que sueña con tener su propia marca de ropa femenina. De momento, su prioridad es pagar el crédito con el que estudió. “Calculando el interés creo estaré pagándolo por 20 años”.

 
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