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8 octubre, 2011
orla

Políticamente incorrecta

Ha dicho que la homosexualidad es una anomalía, que los mapuches son malcriados y que la derecha es cobarde. Las columnas en El Mostrador de Teresa Marinovic, esta mujer ultraconservadora y contracorriente son tan polémicas que se creó el mito de que ella no existía. Pero es tan real como los radicales juicios que salen de su pluma.

Por Sofía Aldea / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Camila Letelier


A Teresa Marinovic (38) se le metió en la cabeza escribir una columna en un medio de comunicación. Sentía que su opinión no estaba representada en ninguna parte y que ya era hora de que alguien defendiera con fuerza, públicamente, lo que muchos conservadores como ella solo se atrevían a afirmar en privado. Decidida, y sin tener ningún contacto, mandó un mail al director del periódico online ofreciendo sus servicios como columnista: “Hola, soy una ultraconservadora de derecha, soy bien cuica y esto se nota en lo que escribo. ¿Te interesa?”.

Pensó que no le contestarían, pero, para su sorpresa, la contrataron. Y desde esa tribuna lleva un año disparando provocadoramente. Cuando la gente se vuelca en las calles apoyando el matrimonio gay, Marinovic sale con una columna en la que insiste que la homosexualidad es anormal. Cuando twitter está invadido de voces que claman por el respeto a los pueblos originarios, Marinovic escribe que los mapuches son malcriados. Cuando la ministra del Sernam habla sobre mujer y trabajo, ella refuta echando pestes contra el feminismo que –plantea– les ha quitado a las mujeres la posibilidad de ser tratadas “como princesas por los hombres”. Sus argumentos se despliegan agudamente y suelen darles una vuelta insospechada a los lugares comunes del debate público. Después de todo es licenciada en Filosofía de la Universidad de los Andes y está cursando un doctorado en la Católica. “Si tú lo piensas, los temas que yo sé son Heidegger y la crianza de niños”, resume. Tiene 9 hijos.

Fue la columna sobre los mapuches lo que la convirtió en personaje público. Su posteo tuvo más de 1200 comentarios en los que la llamaron “hueca” y “facha”, por nombrar solo los epítetos más benévolos. A ella le encanta sacar roncha. Cree que la clave para comunicar una idea es hacerlo en forma frontal y entretener. Le interesa hacerlo con humor. Se detiene en eso. Lo trabaja. Admira profundamente a Joe Black, el anónimo comentarista político de El Mercurio, “el único columnista en Chile que no es latero”, resume.

A los 38 años tienes 9 hijos, ¿siempre quisiste tener una familia grande?
Obvio, esto no va a ser por chiripazo. Nunca tan huevona.

Es que a veces la gente muy católica no usa anticonceptivos…
No uso anticonceptivos, pero uso métodos naturales que me funcionan cuando quiero que me funcionen.

¿Y qué opinas de que las mujeres en Chile cada vez tengan menos hijos?
Grave, grave, grave. Uno ve que en este país la gente está constantemente demandándole cosas al Estado, pidiendo que las jubilaciones sean fantásticas, que la educación y la salud sean buenas, y con la mentalidad del chileno, que es enfermo de flojo, no hay ninguna capacidad de ejecutar todas esas cuestiones si sigue así de baja la natalidad y las personas no se están reponiendo.

Pero una de las razones por las que ha bajado la natalidad es porque las mujeres tienen otras prioridades, quieren trabajar y tener más libertad.
No considero malo el trabajo de la mujer. También trabajo, para empezar. Pero la maternidad y la casa han caído en una devaluación social por culpa del feminismo. No me parece razonable que uno se desentienda de los niños la mayor parte de las horas del día. Lo que yo quiero decir es: si tú quieres tener hijos, tenlos, pero asume que va a tener un costo. Y las mujeres no están queriendo asumir eso. Quieren tener hijos y que no les influya en nada en la vida, lo que es imposible. Entonces el Estado tiene una estructura enorme para sustentar a todas esas señoras que tienen que salir a trabajar. ¿Por qué en vez de subsidiar al jardín infantil, al transporte escolar, la enfermedad del cabro que llevaste a la sala cuna a los seis meses, no invierten esa plata en promover en que sea la mamá la que se quede en la casa? Osea, si vas a usar platas estatales, úsalas para ayudar a lo mejor: y lo mejor es que a un niño chico lo cuide su mamá.

Siempre son bien frontales tus dichos, cuando partiste escribiendo, mucha gente pensó, incluso, que Tere Marinovic era un personaje ficticio. ¿Qué te pasó con eso?
Eso habla del optimismo del chileno, que cree que el que no piensa como él, simplemente no existe. El chileno tiene muy poca capacidad de debate. Para muchos, yo soy como ‘el señor de la querencia’ hecha mujer. Si tú opinas distinto, entonces eres idiota. Pero soy súper fuerte para eso. Si mi marido o mi editor me critican, me importa. Me afecta y lo tomo en cuenta. Pero lo que pase en twitter es otra cosa. Ahí es como el circo romano y necesitan carne. De eso se trata. Si me quieren dar a mí, me da lo mismo.

Debilidades de la derecha

Eres muy crítica en tus columnas y has disparado para todos lados. ¿Eres también crítica con tu sector? ¿Cuál es la crítica que les haces a los conservadores?
Primero, haber abandonado el espacio público. Después, el hecho de no haber desarrollado comunicacionalmente sus propias ideas. No entender, en cierta manera, que en el mundo real las ideas se defienden a través de los medios de comunicación. Y no saber cómo hacerlo.

¿Esa fue tu motivación para escribir una columna?
Sí. Fue por la sensación de no estar representada en el espacio público. La gente cree que los medios son súper conservadores, pero no es así. Para mi gusto, en los medios tradicionales se protegen más bien ciertos intereses. Un medio conservador defiende ciertas ideas, no intereses de tal y tal. Por eso no hay medios conservadores en Chile.

Escribiste una columna recriminando a la derecha, a la que llamaste tonta y cobarde.
Creo que la gente de derecha, en general, es muy cómoda y tiende a restarse de participar en el ámbito público. Tiene una actitud indolente con lo que pasa en el país, del tipo “mientras yo esté bien, no intervengo”. También pienso que la gente de derecha es poco cultivada y está más bien en el ámbito de lo práctico que en el de las ideas, y por eso ha descuidado toda esa área. Y la ha descuidado tanto y, sin darse cuenta, que uno ya no sabe si defienden mal sus ideas o si de frentón no las tienen. Estoy terminando por inclinarme a favor de la idea de que la derecha no tiene ideas, no tiene convicciones. Y que, si las tiene, son muy pocas y muy superficiales. Y este gobierno es muestra de eso.

¿Sí?
Este gobierno ha estado bien marcado por el estilo del Presidente. Y el Presidente es una persona a quien nadie puede tildar de tonto, porque claramente es inteligente, y con gran capacidad de trabajo, de relacionar información, de ejecutar proyectos, pero que no pareciera ser alguien profundo. Y eso se nota en que por momentos parece ser más pragmático de lo razonable. Porque ha sacado proyectos que violentan la naturaleza del sector que lo apoya, lo que ya es una tontera. Uno siempre tiene que contar, y esto vale para los políticos, los columnistas y para todos, con el apoyo de los propios. Uno siempre tiene que tratar de crecer pero sin perder la base. Y la base era un 40 y tanto por ciento, que no es menor. Y hoy no lo tiene.

Sobre el aborto

Para una conservadora, proyectos de ley como el del aborto terapéutico deben ser muy alarmantes.
El aborto es un tema que me desanima mucho. Estar contra el aborto significa que el Estado le pide a una mujer una sola cosa: que no mate a su guagua dentro de nueve meses. El Estado no la obliga a cuidarla más allá de eso. Simplemente pide que no la mate. Después puede entregarla a un hogar del Sename u otro. En qué sociedad estamos viviendo, en la que una persona piensa que puede decidir que una vida en el Sename no merece ser vivida. Y si el problema es lo terrible que es un hogar del Sename, entonces la discusión de fondo es por qué esos hogares están como están y cómo podrían estar mejor. Porque el aborto puede ser muy eficiente, pero así no se resuelven las cosas. Es tan absurdo como decir: estamos con un problema de obesidad, promovamos los vomitatorios.

Una de las columnas más polémicas que escribiste fue una en la que decías que la homosexualidad es una anomalía. ¿Estás convencida de eso?
Creo que todo el lobby homosexual ha sido bueno para tomar conciencia de que esta cuestión no puede ser material de burla. Podemos reírnos de chistes gallegos, que son tontos, pero no podemos reírnos de los homosexuales, porque realmente el dolor con el que han vivido es terrible. Ahora, una cosa es eso, y otra cosa es que yo no pueda decir que la homosexualidad es una anomalía. Lo he dicho en todos los tonos aunque sea fuerte. Esto no significa hacer un juicio moral sobre la persona homosexual, sino que únicamente es decir que esto no es normal. Tú tienes como antecedentes estadísticos que la incidencia de enfermedades de transmisión sexual y enfermedades siquiátricas de los homosexuales es mucho mayor que la de los heterosexuales. Hay ciertos rasgos asociados a la homosexualidad: el narcisismo, la celopatía y otras enfermedades sicológicas. Y, por otra parte, no existe ningún gen asociado a la homosexualidad, con el que uno podría decir que esta es una especie de falla de fábrica. Entonces, ¿por qué no puedo pensar que esto es una reacción sicológica? Me preocupa cuando dejamos de decir estas cosas. Cuando no se puede decir que la homosexualidad es una anomalía porque inmediatamente se lee como si lo que uno quisiera fuera matarlos.

¿Pero no te parece fuerte que una persona se sienta anormal por ser homosexual?
Es que no se tiene que sentir anormal, pero debe estar consciente de su anomalía. Eso no quiere decir que queden excluidos de la sociedad, o que no pueda hablarles ni ser su amiga.

Si uno de tus nueve hijos fuera gay, ¿tratarías de revertirlo?
Es que yo conozco casos que han sido revertidos, entonces es un dato que me parece justo que circule en la información pública. Yo, como mamá de un hijo homosexual, ¿lo puedo obligar? No. Pero tengo el derecho a proponerle que vaya a una terapia y, si no resulta, terminar diciéndole: te quiero igual, te quiero para siempre. Pero no creo que tenga un hijo homosexual. No me va a pasar eso.

¿Cómo sabes?
Porque en mi casa no se da el patrón: mi marido es un papá cercano y yo no soy sobreprotectora. No creo que me pase.

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