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27 enero, 2010
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La belleza de la mirada científica

Con una propuesta fresca, a 3.000 años de los primeros registros, la ilustración botánica disfruta de su segunda gloria, y una inusitada renovación. El año pasado el bicentenario del natalicio de Darwin volcó la atención al dibujo científico dando cuenta de la gran cantidad de artistas contemporáneos que siguen este estilo. En el mundo desde hace seis años se han publicado más de 100 libros con trabajos actuales, existen más de 1.500 cursos que enseñan la técnica e, incluso, en Londres se abrió la primera galería dedicada ciento por ciento al trabajo de nuevos dibujantes.

Por Sofía Aldea/ Fotografía: Alejandro Araya, Fernando Villalobos/ Producción de arte: Camila Letelier


Dibuja cada pétalo. Cada detalle. Junto a su libreta de notas, tiene la descripción científica de la planta que la ocupa, retratos fotográficos, ejemplares de herbario y un modelo en vivo. Así trabaja, minuciosamente, la artista chilena Patricia Domínguez (25) en los estudios de malezas y flores que recoge constantemente en paseos a la playa o en el jardín de su casa. En su croquera, en la que pétalos, estambres y tallos conviven con retratos de flores en lápiz grafito, registra —evitando perderse cualquier fragmento— diferentes especies vegetales. El resultado es exacto, preciso, minucioso: científico. Y, a la vez, conmovedoramente bello, único, particular: artístico.

Hace casi un año que Patricia volvió de Nueva York, donde realizó un taller de dibujo científico en el jardín botánico de la ciudad. Fanática de la naturaleza desde chica –gracias a la pasión arqueológica de su abuelo y al interés por cuidar el medio ambiente que heredó de sus padres– la ciencia siempre le llamó la atención. Y hoy, parte de su trabajo artístico se sustenta en ella. “La técnica botánica me permitió observar más las cosas y entender cómo realmente eran. La manera científica de mirar, que es precisa y minuciosa, es lo que marca la diferencia. Ahora aplico eso a todo mi trabajo artístico. Es una técnica que me ayudó como dibujante”, señala.

Para perfeccionarse, apenas llegó a Chile, esta licenciada en arte de la Universidad Católica decidió matricularse en un taller de dibujo científico dictado por Francisco Ramos, uno de los pocos artistas acreditados en Chile en esta materia. Ahí aprendió la técnica del achurado en acuarela, la misma que utilizó en su último cuadro, expuesto actualmente en la galería de la CCU (Vitacura 2680) hasta el 31 de enero. En la exposición Clásico Universitario, cada artista debía trabajar como tema la cancha de fútbol. La mirada botánica de Domínguez estuvo enfocada en lo que, a pesar de lo que pasaba en el partido, ocurría en la cancha. En el pasto. Su pintura es un detalle de los insectos y las plantas que habitan la hierba mientras los jugadores intentan anotar un gol.

Patricia Domínguez es parte de la nueva hornada de dibujantes botánicos chilenos. “Lo interesante no es hacer lo mismo que los naturalistas clásicos. Me interesa mostrar cómo las plantas conviven en la ciudad”, dice.

A pesar de que muchos continúan con la estética tradicional, la combinación entre la técnica clásica del dibujo científico y la mirada personal que Patricia aplica en su trabajo, es la nueva tendencia del estilo botánico. En el Encuentro Internacional de Medellín 2007, el artista colombiano Alberto Baraya presentó de manera novedosa el trabajo del naturalista Ruperto Ferreira, quien entre 1870 y 1909 registró plantas y animales de Colombia. Su propuesta consistía en un grupo de personas que se tatuaron sus dibujos en distintas partes del cuerpo. Fue todo un éxito. Tanto, que su trabajo –junto a un herbario hecho con plantas artificiales– se exhibe actualmente en Nueva Zelanda, en la Govett- Brewster Art Gallery hasta marzo de 2010.

Que jóvenes artistas estén trabajando con un estilo tan antiguo como la cultura griega no es casualidad. Según Francisco Ramos –que se dedica al dibujo científico hace más de treinta y que ha ilustrado gran parte de los libros de la botánica Adriana Hoffman– la creciente conciencia por el medio ambiente es una de las razones de este nuevo interés. “Las personas están mirando cada vez más la naturaleza y aprecian lo que las rodea. Saben que hay que cuidarla, por lo que observan las plantas y los animales. Ésa es la base del dibujo botánico”, señala. Ramos, como profesor de talleres de ilustración científica en el Herbarium de Peñalolén, vive de cerca este boom. Dice que es notable. Hace seis años que sus cursos aumentaron de 5 a 20 personas. Amas de casa, ingenieros, artistas, amantes de la jardinería que, en completo silencio, trabajan por tres horas, una vez a la semana, dibujando los modelos.

En el resto del mundo, se confirma esta tendencia. EE.UU., Australia, Inglaterra y Canadá –todos países de habla inglesa tributarios de los expedicionarios botánicos victorianos del siglo XIX– llevan la delantera con los mejores exponentes contemporáneos y la más heterogénea producción.

En 2008 se inauguró en Londres la Shirley Sherwood Gallery en el jardín botánico de Kew. Esta galería contemporánea es la primera del mundo dedicada a este estilo artístico y expone parte de los trabajos de la colección privada de Sherwood, una mujer que desde 1990 viaja por distintos países en busca de nuevos talentos. Para muchos, ella es uno de los personajes claves de este revival ya que su curatoría ha dado cuenta de la vigencia del estilo y, sólo entre 2001 y 2010, ha editado más de cinco libros sobre el tema.

Otro de los factores claves es internet. En la web, los dibujantes comparten diferentes miradas y observan el trabajo de sus pares. De hecho, uno fácilmente encuentra más de dos millones de páginas sobre el tema. En varios formatos. No sólo hay dibujos, sino también ropa, loza, calendarios.

En el Jardín Botánico de Nueva York –una de las escuelas más relevantes en la materia, a cargo de la artista norteamericana Wendy Hollender– los cursos de dibujo para marzo y abril de este año están copados. Lo mismo pasa con parte de los talleres que la inglesa Ann Swan, ganadora de cuatro medallas de oro de la Royal Horticultural Society, realiza en 2010 en distintos países de Europa.

Francisco Ramos se dedica al dibujo científico hace más de 30 años: Ha ilustrado gran parte de los libros de la botánica Adriana Hoffman y sus talleres han vivido un explosivo crecimiento los últimos años.

Siglos de antigüedad

Aunque ahora es valorado más como arte que como ciencia, antes de la invención de la fotografía el dibujo botánico fue clave para la investigación de especies desconocidas. Los primeros registros se remontan al siglo sexto a.C, cuando Teofrasto, discípulo de Aristóteles, se interesó por el estudio científico de las plantas. Sus trabajos lo convirtieron en el padre la botánica.

Pese a que entre 200 y 1483 d.C, la ilustración se masificó con el objetivo de identificar las propiedades medicinales de la vegetación, la invención de la imprenta y el descubrimiento de nuevos continentes fueron los catalizadores del desarrollo de la estética botánica tradicional. En esta época, pioneros de la investigación científica recorrieron el mundo registrando la flora y fauna de los nuevos territorios. Charles Darwin fue uno de ellos. También el naturalista francés Claudio Gay y Rodulfo Amando Philippi, quienes trabajaron por registrar la flora y la geografía chilena.

La celebración del bicentenario del natalicio de Darwin, el año pasado, dio a conocer su faceta como ilustrador botánico. Dibujar flores fue su gran pasión. De hecho, su afición por descifrar la reproducción de las plantas fue objeto de investigación en sus viajes a América y Australia. Aunque desconocida, su obra consta de seis publicaciones sobre estudios botánicos, publicados entre 1862 y 1880. Actualmente, en la Shirley Sherwood Gallery se exhibe una retrospectiva del arte botánico con parte de sus ilustraciones, además de trabajos de dibujantes contemporáneos.

Llama la atención el rol protagónico de las mujeres en esta época. Pese a que en los siglos XVIII y XIX el género femenino no tenía espacio en política, educación u opinión pública, el desarrollo de la ilustración científica fue la excepción. Personajes como la alemana Maria Sibylla Merian marcaron la pauta. Merian, después de que a los 38 años se separara de su marido, se radicó en Holanda para dedicarse al arte botánico. Luego de 14 años de trabajo, viajó a Surinam con el fin de registrar una vegetación exuberante y colorida totalmente desconocida en Europa. Las pinturas de insectos que habitaban la flora de ese país la consolidaron como naturalista. Su obra, titulada La transformación de los insectos de Surinam (1705) es considerada uno de los trabajos más importantes del siglo XVIII.

La artista victoriana Marianne North es otro ejemplo. Esta dibujante del siglo XIX, fue clave para el desarrollo de la ilustración botánica en Chile, país que visitó al seguir los consejos de Charles Darwin. Su trabajo en nuestro país fue recopilado en el libro La flora chilena en la mirada de Marianne North, 1884 (Pehuén, 1999) de Antonia Echenique y María Victoria Legassa y gran parte de su obra se exhibe en una galería que lleva su nombre en el Royal Botanic Gardens, Kew, en Londres.

Más que una copia

El gusto por la historia del arte botánico y los mitos tradicionales y populares que hay detrás de cada especie, llevaron al chileno Pablo Montealegre (24) a trabajar en este estilo. Hace un año y medio que observa minuciosamente la estructura de los jacintos que ocupa como modelo para sus pinturas botánicas en acuarela. Según la leyenda griega, Jacinto fue amante del dios Apolo y murió muy joven mientras ambos jugaban a lanzar el disco. Para conservar su belleza, Apolo lo convirtió en la especie que lleva su nombre, que florece y se marchita rápidamente.

Luego de conocer la acuarela con témpera Terrón grande de hierbas (1503), de Alberto Durero, Montealegre aprendió la técnica clásica y decidió enfocarse en la naturaleza. “Cuando vi su trabajo, me llamó la atención lo bonito que era intentar dar cuenta de algo objetivo cuando ese modelo era algo absolutamente azaroso y casual. Se trataba de una especie reconocible, pero a la vez de una planta en particular, irrepetible”, señala. Su trabajo con los jacintos apunta a algo similar, ya que muchas de sus ilustraciones muestran a la flor en su ideal, cuando el modelo ya se ha marchitado.

 

Aunque la objetividad de la ilustración científica resulta cuestionable si se compara con el registro fotográfico o audiovisual, la precisión de la observación sigue siendo clave. Tradicional o moderno, el arte botánico debe basarse en la réplica de un modelo. “Tiene que ser descriptivo y taxonómico. Debe ser un reflejo de la planta en el que se identifiquen sus características principales. Aunque obviamente no puede ser completamente objetivo, debe haber una pretensión de que así sea”, señala Francisco Ramos. “El dibujante suele trabajar con un científico, porque uno no sabe en qué hay que fijarse para retratar las diferentes especies. Es un trabajo en conjunto”, asegura.

A pesar de que intenta abstraerse como artista y pasar a ser un simple observador, Pablo siente que su obra da cuenta de la imposibilidad de ser objetivo. “El arte es un lenguaje, y como todo lenguaje consiste en una traducción. En la traducción siempre perdemos algo del original, y en este sentido el dibujo botánico adquiere algo que va más allá de la ejecución correcta o copista que refleja cómo es el modelo. Para mí, el valor está cuando ocurre esa pérdida, creo que es ahí donde aparece uno”, asegura.

El trabajo con jacintos de Pablo Montealegre refleja su particular visión de objetividad y subjetividad en este arte: muchas de sus ilustraciones muestran a la flor en su esplendor, cuando el modelo ya se ha marchitado.

Aunque es una fiel seguidora del trabajo de los naturalistas clásicos y del rol científico que jugó en la época en la que no existían otros medios de registro, Patricia Domínguez también busca imprimir una nueva propuesta. “Lo interesante no es hacer lo mismo que los naturalistas clásicos. Eso ya está y es casi imposible hacerlo mejor. Ellos cumplieron un rol y ahora los tiempos son distintos”, señala. “Me interesa mostrar cómo las plantas conviven pacíficamente en la ciudad. Cómo una hiedra crece en medio del cemento, cómo una señora que vive en un edificio se relaciona con una flor plantada en un macetero. Aplico el estilo científico, pero presentado de otra manera. Generalmente como parte de una composición que comunica algo más”, afirma.

PARA APRENDER

Técnica Tradicional
En marzo se inicia la temporada de talleres de dibujo científico que Francisco Ramos realiza hace seis años en el Herbarium de Peñalolén. El curso, que puede ser semestral o anual, enseña la técnica de la acuarela. Para trabajar, es fundamental estar dispuesto a observar modelos por varias horas. En promedio son 20 alumnos por taller. Precio aproximado: $ 130.000. www.herbarium.cl

Diplomado de Lujo
En el Jardín Botánico de Nueva York –una de las mejores escuelas de ilustración científica– existen dos diplomados en esta materia: certificado en arte botánico y otro en ilustración científica natural. De un año de duración, hay cursos fijos y optativos entre los que destacan dibujo en acrílico, observación de árboles y luces estacionales. Más información en www.nybg.org.

Claudio Gay Online
En el sitio web Memoria chilena, se pueden descargar en formato PDF los estudios botánicos realizados por Claudio Gay. Divididos en 8 tomos, además de ilustraciones, su obra tiene descripciones escritas sobre la flora de Chile. www.memoriachilena.cl

Galería Especializada
En 2008, en el Royal Botanic Gardens, Kew –uno de los jardines botánicos más importantes del mundo, cerca de Londres– se inauguró la Shirley Sherwood Gallery of Botanical, primer y único museo dedicado al dibujo científico. La colección tiene más de 200 ilustraciones de artistas contemporáneos de treinta países del mundo. Las obras de la Shirley Sherwood Gallery complementan la colección de arte botánico de Kew, que también posee trabajos de Marianne North, los hermanos Bauer y Redouté. Actualmente, está en exhibición El arte de la evolución de las plantas, hasta abril del 2010, con parte de la obra botánica de Charles Darwin y 140 trabajos de 84 artistas contemporáneos de Inglaterra, Japón y EEUU, entre otros. Se puede ver en www.kew.org

LIBROS ESENCIALES

Maestro Botánico
Las rosas, es la reproducción de las pinturas del artista botánico Pierre-Joseph Redouté, cuyo trabajo es clave en la historia de este estilo. De hecho, su obra Les Liliacees –publicada en formato de libro- fue vendido en US$ 5,5 millones, el más caro de la historia de EE.UU. Cuesta $ 23.800 en librerías Contrapunto.

Historia de la Ilustración
Garden of Eden. Masterpieces of Botanical Illustration contiene 100 trabajos que retratan la evolución de este estilo, desde el arte bizantino hasta artistas contemporáneos. Cuesta $ 28.800 en librerías Contrapunto.

Para celebrar a Darwin
The Art of Plant Evolution (2009), fue editado por la coleccionista Shirley Sherwood para festejar el bicentenario del nacimiento de Darwin. Junto a algunos dibujos del científico inglés, el libro cuenta con la obra de 84 artistas clásicos y contemporáneos que estudiaron más de 130 especies diferentes. Cuesta U$S 35.26 en Amazon.

Dibujo Irónico
Con un estilo tradicional y una técnica similar a la de los naturalistas del siglo XVIII, el norteamericano Walton Ford compone irónicas imágenes de distintos animales. Su libro, Walton Ford: Pancha Tantra, destaca por la calidad de su trabajo y sentido del humor. Cuesta U$S 44.10 en Amazon.

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