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7 Noviembre, 2012

Radiografías dentales y cáncer de tiroides

Por Carolina Rojas / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Beatriz O' Brian

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Paula 1108. Sábado 10 de noviembre 2012.

¿Te han puesto una especie de babero de plomo cuando te toman una radiografía dental? Si no lo han hecho, toma nota. La tiroides es muy sensible a las radiaciones ionizantes y hay estudios que demuestran que una exposición alta a radiografías dentales aumenta las posibilidades de desarrollar cáncer en esta glándula.

Esta es la imagen: una fotografía de cuello de una mujer después de una operación de extirpación de tiroides. Bajo esta imagen, un mensaje señala que existe una relación entre exceso de radiografías dentales y cáncer de tiroides. Al final, un llamado a las mujeres a exigir el cubretiroides, el cuello de plomo para proteger la glándula. El mensaje circuló masivamente en posteos en facebook y cadenas de mails justo después de que en el programa de Doctor Oz se planteara que una exposición continua a las radiografías dentales sin la protección adecuada, incrementa el riesgo a padecer cáncer de tiroide; un cáncer que es más frecuente en las mujeres y cuya incidencia ha aumentado progresivamente en Chile. La reacción inmediata y repetida de las muchísimas mujeres que leyeron ese mensaje fue preguntar: ¿De qué cubretiroides me hablan?
La relación entre sobreexposición a radiografías dentales y cáncer de tiroide es conocida en el mundo médico. En 2010 se publicó un estudio realizado por un grupo de científicos liderados por el doctor Anjum Memon, del Brighton & Sussex Medical School en el que, tras analizar a 313 pacientes con cáncer de tiroides, concluyeron que las posibilidades de desarrollar este cáncer aumentan proporcionalmente al número de
radiografías dentales a las que haya sido sometido una persona. El estudio mostró que quienes se habían tomado hasta cuatro radiografías tenían más del doble de riesgo de desarrollar un cáncer de tiroides. Los que se habían expuesto entre cinco y nueve veces a los rayos X, tenían un peligro cuatro veces mayor que lo normal. Y quienes se habían expuesto a diez o más rayos X estaban en la zona de peligro; ellos tenían un riesgo cinco veces mayor de desarrollar cáncer de tiroides.

“Cuando uno enfrenta a un paciente joven con un cáncer de toroides es frecuente detectar en su historia médica que por algún motivo estuvo expuesto a radiación, ya sean dentales o por alguna hospitalización prolongada o bien enfermedades de la niñez que requirió múltiples radiografías y escáneres”, dice el oncólogo y radioterapeuta, Benjamín Bianchi.

Niños susceptibles
El oncólogo radioterapeuta de la Universidad de los Andes Benjamín Bianchi, –quien trabaja en el hospital clínico de Magallanes y ha publicado sobre el tema– asegura que la radiación siempre es acumulativa. “Cada radiografía dental o de cualquier etiología deposita en nuestros tejidos en elmaterial genético (ADN) y, en la medida que aumenta, también aumenta el riesgo de producir mutaciones que se traduzcan en un cáncer”, dice.
El oncólogo agrega que, además, la tiroides es una glándula particularmente sensible a la radiación por sus características celulares: no tiene una buena reparación del material genético frente a un daño, de ahí su alto riesgo de sufrir alguna mutación al exponerse a radiación. Las mutaciones pueden aparecer muchos años después, luego de 5 a 10 años, aunque se han reportado casos más tardíos: de hasta 30 años de la exposición.
“A los jóvenes, y más aún los niños, hay que protegerlos de esta vulnerabilidad ya que si se están tomando muchas radiografías cuando niños, la acumulación cuando adultos será mucho mayor. De hecho, cuando uno enfrenta a un paciente joven con cáncer de tiroides es frecuente detectar en su historia que por algún motivo estuvo expuesto
a mucha radiación”, explica.
Joaquín Ipinza, doctor experto en periodoncia y miembro activo de la Sociedad de Periodoncia de Chile –quien en su consulta optó por las radiografías digitales por su baja radiación–, asegura que hoy en día existe el consenso de evitar someter a preadolescentes a estudios innecesarios, pues tienen mayor susceptibilidad a algún efecto dañino producto de la radiación.
El especialista explica que independiente que las investigaciones no sean del todo concluyentes, hay que diferenciar dos tipos de efectos de la radiación: los “determinísticos”; es decir, aquellos efectos absolutamente probables que ocurran en un órgano sometido a cierto nivel de radiación. Y en ese sentido, las radiografías dentales utilizadas en forma racional no deberían sobrepasar ese umbral. Y los llamados efectos “s”, en los que pese a no recibir una radiación alta, por una serie factores, el órgano de todos modos sufre algún daño. Como la tiroides es particularmente sensible a los efectos de la radiación, es ahí donde algunos estudios
sugieren estaría la relación entre el cáncer y las radiografías.

El cuello protector
La glándula tiroides es de gran sensibilidad a las radiaciones ionizantes y es la zona más expuesta durante todos los procedimientos de radioscopia, angiografía y radiología
dental. Por ello el protector tiroideo aparece como el factor principal para proteger y disminuir el riesgo de daño. El Ministerio de Salud tiene una normativa sobre
Seguridad Nuclear y Protección Radiológica (Ley 18.302, decreto 133) que establece que es obligación de las clínicas dentales que utilicen equipos de rayos X, contar con delantal de plomo con protector tiroideo. En otras palabras, es obligación del médico contar con este protector y colocarlo cada vez que su paciente necesita una radiografía dental. Y es derecho del paciente exigirlo.
“No tengo una estadística del porcentaje de radiografías dentales tomadas en Chile con o sin protección. Pero lo que he visto, es que en las universidades los radiólogos a
cargo de las asignaturas de radiología enseñan a sus alumnos este protocolo”, señala el doctor Joaquín Ipinza, miembro de la Sociedad de Periodoncia de Chile. “Lo que sí me llama la atención es el nulo empleo de protección en otros exámenes radiológicos como las mamografías. Incluso mi mujer, que sufre una tiroiditis de Hashimoto (una enfermedad de la tiroides) me ha relatado que nunca le han puesto protección tiroidea en ese examen, ni siquiera considerando su condición de riesgo. Creo que todo paciente que va a ser sometido a un examen radiográfico, no importando del tipo que este sea, debería exigir le coloquen la protección”.

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